9/6/20

Balduino el descuartizador

Esta es la historia de uno de los personajes más energúmenos que puedan existir, es la historia de un impostor, un calumniador y un verdadero asesino patológico a la vez.

Balduino el descuartizador
 Apuntes de cuarentena; parte 8.

Solo el hecho de contarla o escucharla causa gran repulsión, desatando una inaudita sensación de frustración por todo el caudal de impunidad que revela; a lo que pide su servidor disculpas anticipadas a quien por curiosidad quiera conocer este relato.

Dicho lo anterior, hablamos nada más y nada menos del engendro de un vizconde de la época de antaño, de los pudientes que figuraban en sus escudos íconos de cabezas de pescado porque sus ancestros nadaron desde la gélida bahía ilustrada hasta la latitud tropical de estos reinos bananeros, dejándose llevar por la corriente global interoceánica.

Erase entonces una vez un tal vizconde conocido como “Yepeto” por su nariz acampanada y por ser un hábil titiritero, pero era famoso también por su sagacidad y temeraria avispés con el uso de la palabra, conocía bien el arte de la conjugación de los edictos y sabía con acierto en qué árbol asombriarse y en cuál no.

Como es normal Yepeto con los años tuvo un hijo, a quien alegre bautizó con el nombre de Balduino, gozando el pequeño de buena educación e instruyéndolo con esmero en el fino arte de hacer negocios y acuerdos con los reinos de las lejanía; sin embargo, de nada sirvió todo aquello, porque el tal delfín prometedor terminó siendo un asesino macabro con sed de sangre, un estafador de poca monta y un ser ruin de mala entraña.

Su camino empezó a torcerse desde su juventud, notándosele una clara tendencia y proclive al malinchismo y a la insensibilidad del dolor ajeno.

Así fue que hubo una vez que a pedido de los nobles norteños del lejano imperio del Maple, se prestó Balduino a envenenar con arsénico el agua de su mismo reino, el muy sicofante aceptó el encargo creyendo que nadie se iba a dar cuenta, se disfrazó de maseta con patas para irse moviendo de apoco de pozo en pozo, colocándose un rotulito que decía “mina verde”, según él para no hacerse notar, así se acercó con sigilo al cenote principal del reino creyendo que nadie lo divisaría el muy Juan véndemelas.

Rapidito fue detenido y señalado como traidor y paria. Haciéndose conocida y publica desde ese momento su patología de maldad aguda, siendo cada vez mas crónica su condición.


Convirtiéndose desde entonces en un engendro digno de las estirpes de los patricios de las tierras medias de las Américas, porque es normal entre estas gentes tener el alma retorcida y ser descarados, con el agravante que Balduino era aún más enfermizo en su forma de actuar.

Luego de ser denunciado por querer envenenar el agua subterránea, de forma trapera asesinó a sus detractores haciéndolo evidente y descomedido. De manera aleatoria iba esparciendo los pedazos de los cuerpos de sus víctimas por todas las calzadas para que la gente del común las viera causando así terror.

No obstante al ser tan obvia la vendetta fácil lo supieron los espías del rey Garbito, quien era el mandamás de turno, pero Yepeto quien sí era astuto de verdad, negoció oportuno con el rey la libertad de su soso hijo; explicándole después, a éste, que había maneras estratégicas y adecuadas de hacer aquellos asuntos, y no, de esa forma tan borrica.

Tratando de tomar escuela de lo sucedido Balduino se dedicó mejor a la venta fraudulenta de títulos valores, asunto que no tenía que ver con la violencia ni con los envenenamientos, con esto pretendía subir de nivel al estatus de los de cuello blanco, pero como además de todo el costal de patologías conductuales que tenía, era un adicto consumado por lo que sucumbió a sus ansias, y para poder financiar su síndrome estafó en desespere a sus mismos vecinos y amigos, quienes al darse cuenta del descarado timo lo ubicaron rapidito y lo denunciaron para ser resarcidos. Siendo de nuevo su padre quien lo salvara de las mazmorras una vez más solventando sus burdas acciones.

En ese rumbo y a ese paso solamente se necesitaron un par de años más para que Balduino reforzara el alias por el que se le conoce, “el descuartizador”.

Fue cuando se enroló con una banda de ladrones de carretas, esclavistas y traficantes de agasajo. Aparentando ser un caco de profesión castigó a otro truhán como él, en otra de sus vendettas matándolo y haciéndolo pedacitos, descuartizándolo, pero por ser descuidado no se ocupó de los detalles que todo eso conllevaba, cosa como los trozos sobrantes, olores, sonidos, espacios, salpicaduras y caminos mal tomados.

Fue así que otra vez facilito le echaron mano, aprendiéndole la gendarme real. Viéndosele en la plaza engrilletado y con bozal, siendo luego guardado para evitar que hiciese más mal semejante abominación de clase pudiente.

Al final para no hacer largo el cuento, pasó lo que tenía que pasar, el padre alcahueteó de nuevo a Balduino dando la cara por él y con suma vergüenza pidió de nuevo clemencia negociando otra vez más con el rey Garbito, quien era hábil para el chantaje y el juego de poker bajo la mesa. 

Fue así que logró que su hijo no sufriera un largo y lúgubre encierro, estando en mazmorras preferenciales, donde no habían cucarachas, ratas ni espantos, tampoco donde rugen los leones apestosos y garrapatosos.

¿Y adivinen qué es lo que más rabia da de esta historia? Es que a la vuelta de poco tiempo Balduino gozó otra vez de libertad, gracias a los artilugios del uso de las palabras quiméricas de su señor padre, Yepeto, quien decidió desde entonces desaparecer de la vida pública del reino, por la afrenta que le genera las cosas que hace su hijo.

Por seguro será nada mas cuestión del pasar de los años para se vuelva a saber de Balduino, por su conducta maniática y trastocada, por sus imposturas, pero sobre todo por su maldad enfermiza e innata.

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