30/7/19

El libro y las editoriales salvadoreñas. Quinta entrega.

EL LIBRO
Quinta entrega: El libro y las editoriales salvadoreñas

En esta serie de artículos que hemos publicado sobre “el libro”, nos damos cuenta que el proceso cultural del país va de la mano del libro, sus autores, las editoriales y las personas quienes los comercializan, llámense estos últimos “libreros”.

¿De qué sirve tener buenos escritores si no hay editoriales que puedan publicar las obras nacionales? Tenemos curriculas educativas que no toman en cuenta la opinión de las editoriales, hay a su vez gestores culturales que no terminan de entender la necesidad de apoyar al sector nacional de la venta de libros.

Hasta hoy en día no es prioridad ni estratégico para el país la promoción de la lectura y el fortalecimiento de las editoriales. La llamada “industria del libro” está muy lejos de existir en este árido ambiente donde la clase política no asimila que la ruta para salir de la compleja problemática económico social que vivimos pasa por desarrollar la intelectualidad de la ciudadanía en general, y es ahí donde el libro juega un rol determinante en todo este entramado.


En 1953 se fundó la primera editorial que fue la que hoy conocemos como DPI (Dirección de Publicaciones e Impresos), luego en 1958 se creó en la Universidad de El Salvador la Editorial Universitaria; no obstante de que ambas editoriales publicaron libros de importancia intelectual, eran esfuerzos que respondían a ideologías determinadas.

Fue hasta finales de la década de los 60 que surgen las librerías y editoriales independientes: Ercilla y Clásicos Roxsil. La primera desapareció y la segunda aun existe 50 años después gracias a la persistencia generacional de la familia López Serrano.

En los convulsos años 70 surgen: la editorial de la Universidad Centroamericana, UCA (universidad de corte jesuita) y Canoa Editores, siendo esta un esfuerzo de José Roberto Cea, poeta y escritor perteneciente a la llamada “generación comprometida”.

Durante todo el periodo de las dictaduras militares ser escritor o librero no dejaba de tener un alto nivel de riesgo. Me cuenta José López fundador de Librería y Editorial Clásicos Roxsil que durante las décadas de los 70 y 80 la introducción o promoción literaria era sumamente compleja, fueron muchas veces que en las aduanas confiscaban grandes cantidades de libros por el simple hecho que habían títulos que llevaban palabras como: paz, libertad o democracia.

En un país donde la burocracia y las esferas culturales educativas eran dominadas por militares se hacía difícil, por ejemplo, la importación y comercialización de títulos como “La Guerra y la Paz” del ruso León Tolstoï, después de todo la casta militar no se caracterizó por ser académica ni culta.

Al final se firmaron los acuerdos de paz y las dictaduras militares pasaron a la historia, siguiendo la década de los 90 donde hubo un renacer de las letras, y por supuesto un surgimiento de nuevas editoriales gracias a la libertad de expresión e impresión; sin embargo, los hábitos de lectura y los patrones culturales de la gente estaban marcados por una sociedad de conflicto y polarización, condición que no cambió de la noche a la mañana.

Treinta años después y a las puertas de la tercera década del siglo XXI la producción y comercialización de libros se enfrenta a grandes retos como el uso e incorporación de las nuevas tecnologías, sumamos también los pocos hábitos de lectura de la gente, pero sobre todo en palabras de Roxana López (directora editorial de Clásicos Roxsil) “la cuesta más empinada que tiene el sector sigue siendo, …el total divorcio entre las instituciones educativas culturales del Estado con las editoriales salvadoreñas”.

PRIMERA ENTREGA: EL LIBRO Y SU RAZÓN DE SER
TERCERA ENTREGA: EL LIBRO Y LA REVOLUCIÓN
CUARTA ENTREGA: EL LIBRO, LA GENERACIÓN COMPROMETIDA Y LOS LIBREROS 



24/7/19

El libro. Cuarta entrega: "La generación comprometida y los libreros"

El libro, la generación comprometida y los libreros

Se habla tanto de “la generación comprometida” que quinientas palabras de un modesto artículo se quedan cortas. 

Durante la dictadura militar del siglo pasado hubo una serie de escritores (y lectores) que se comprometieron a transformar la realidad económica y política, corriendo con el riesgo de ser asesinados, de ahí su nombre de “comprometidos”.

Los libros son esos vehículos donde el pensamiento viaja a toda sus anchas. Los periódicos, y ahora los medios digitales, siempre serán limitados porque son efímeros y de formatos cortos, al no exceder cierta cantidad de palabras; sin embargo, la historia nos cuenta que van de la mano.

Ítalo López Vallecillos, Irma Lanzas, Waldo Chávez Velasco, Álvaro Menéndez Leal, Roque Dalton, José Roberto Cea, Manlio Argueta, son algunos de los tantos nombres que enarbolan nuestras letras, todos de la generación comprometida, pero ¿Quién creen ustedes que comercializó sus libros? ¿Quién imprimió, editó y se arriesgó en llevar estas obras a las librerías?

Detrás de la generación comprometida están “los libreros comprometidos”, (ja, ja…) no, no estoy hablando de los muebles donde se colocan los libros, estoy refiriéndome a una profesión que aun no imparten las universidades salvadoreñas; el ser librero.

El librero es la persona que se dedica a comercializar libros, es quien conoce el oficio de la promoción literaria y educativa, el que entiende la naturaleza del márquetin del libro.

El librero sabe la trascendencia de una feria del libro, y además está al corriente de la relación entre editor y escritor, entre librerías y lectores; así como entiende el rol de un profesor, las instituciones educativas y el estudiantado con sus necesidades.

En todo desarrollo cultural debe considerarse importante este oficio o profesión, pero poca gente maneja el concepto, ni siquiera los gestores culturales lo terminan de asimilar, mucho menos las personas que dirigen las políticas educativas y culturales.

No es de extrañarse que Silvia López presidenta de la Cámara Salvadoreña del Libro me cuente que uno de sus principales factores de riesgo es el mismo Ministerio de Educación, porque es muy común que por decisiones antojadizas (a veces involuntarias) dejen a las librerías con los stocks llenos de ciertos títulos sin oportunidad de venderlos.

La Alcaldía de Santa Ana relega la venta de libros nuevos a la interperie junto a otros productos de feria durante la fiestas patronales, 20 de julio de 2019.

Mientras en otros lugares se habla con categoría sobre “la industria del libro” y el escritor, acá en estas sociedades tropicales ambas profesiones se ven como en segundo o tercer orden, a nivel más bajo de quien se dedica a la medicina, a la ingeniería, al derecho, a la mecánica o ser contador. 

Bien me decía un colega: Ser escritor o dedicarse al negocio de la venta de libros es un verdadero acto revolucionario.

En fin, estoy seguro que cuando la clase política entienda la necesidad estratégica de proteger y comprometerse en apoyar al sector comercial de los libros y a sus escritores, en ese momento estaremos dando un verdadero salto de desarrollo social. Por desgracia son pocos los políticos que tienen ese sutil hábito llamado: la lectura.

PRIMERA ENTREGA: EL LIBRO Y SU RAZÓN DE SER
TERCERA ENTREGA: EL LIBRO Y LA REVOLUCIÓN
QUINTA ENTREGA: EL LIBRO Y LAS EDITORIALES SALVADOREÑAS 





20/7/19

El libro. Tercera entrega: "y la revolución"

El libro y la revolución

Sí, ya sé, cuando decimos la palabra “revolución” el asunto se escucha muy incendiario y radical… y tienen razón. Pero alguien me podría explicar ¿porqué las satrapías, dictaduras y monarquías queman libros a lo largo de la historia?

Los libros guardan conocimientos a través de las generaciones, los libros son cultura, por eso no es de extrañarse que a lo largo de la historia los dictadores de mala entraña los quemen, castigando a quienes los leen así como sus autores.

Hitler, Pinochet, Robespierre, Diego de Landa, Pol Pot, son algunos de los personajes oscuros de la historia que están atrás de semejantes actos contra el conocimiento, colocándose al lado opuesto de la razón, de la historia, queriendo evitar la evolución de las sociedades, la cual jamás ha dejado de cambiar.


En Centroamérica así como en la provincia de San Salvador a finales de la colonia la censura estaba a cargo de la iglesia y de las autoridades monárquicas, pero fue inevitable que periódicos y libros con ideas de la ilustración llegasen y fuesen leídos para iniciar así un surgimiento del pensamiento republicano.

En ese momento subvertirse a la iglesia y a la corona española era ser revolucionario, por eso ante las requisas de las autoridades de la época, el título de un libro marcaba la diferencia entre un rebelde o un conservador.

La república

Una vez lograda la independencia en 1821 (aboliendo la santa inquisición y la esclavitud) y después de sortear la invasión mexicana del año siguiente, se dio un proceso de consolidación de la república, bajo esa coyuntura los libros y periódicos jugaron su rol determinante.

Al principio de ese periodo (1824-1841) se trajo por primera vez una imprenta a San Salvador, iniciando así la producción de textos impresos, tanto libros como periódicos.

Si bien era cierto la imprenta permitía mayor difusión de los textos, estos aun no llegaban a ser formatos populares para la trasmisión de las nuevas tendencias del pensamiento; los periódicos y libros seguían perteneciendo a las élites, por eso tanto en el país como en el mundo los impresos eran de carácter político-económicos, porque no dejaba de ser un producto caro, solamente las clases acomodadas tenían acceso a la lectura.

En 1824 se imprimió el primer periódico llamado “El Mercantil” y de igual manera al año siguiente se produjo, en esa misma imprenta, un tratado de derecho internacional escrito por Andrés Bello, el intelectual latinoamericano que junto a Simón Bolívar eran considerados para la época como “revolucionarios”.

A mediados de ese siglo XIX se desarrolló el telégrafo y a principios de siglo XX la prensa del centavo, hasta entonces los textos impresos se empezaron a popularizar, mientras tanto los libros en El Salvador fueron llegando cada vez a más personas; surgió la radio y la televisión, pero el libro nunca pasó de moda, adaptándose a la modernidad y cumpliendo siempre su rol cultural y comunicativo.

Durante la segunda mitad del siglo XX el sistema educativo salvadoreño demandó para las masas estudiantiles mayores  cantidades de libros, tanto educativos como literarios. 

Sin embargo, fueron épocas convulsas de dictaduras militares contra estudiantes universitario, donde ser subversivo o ilustrado era una delgada línea peligrosa. No obstante surgieron como espuma una serie de generaciones comprometidas de escritores demandando cambios, y junto a cada empuje intelectual se venía a su vez una nueva oleada de editoriales, bibliotecas y libreros, pero ese pasaje se los cuento para el siguiente artículo, que acá mismo se los comparto.

PRIMERA ENTREGA: EL LIBRO Y SU RAZÓN DE SER


10/7/19

El libro en América y El Salvador. Segunda entrega.

EL LIBRO
Segunda entrega: El libro en América y El Salvador.

Los libros tal como los conocemos son producto de un autor que lo escribe, un editor quien los revisa, una imprenta que lo plasma en papel, además de la distribución especializada de las librerías, y al final, las bibliotecas que los resguardan.

Los españoles recién conocían este proceso cuando invadieron América siendo el libro una de sus ventajas competitivas como civilización. La imprenta era uno de esos grandes inventos renacentistas tan importantes como los barcos o las armas de fuego. De esta manera La Biblia, sus creencias y costumbres se globalizaron, llegó así en 1539 la imprenta al virreinato de México.

Los mayas siendo una de las culturas más avanzadas del continente ya tenían una escritura desarrollada así como un sistema de numerología. La iglesia católica veía eso con malos ojos, siendo el Obispo de Yucatán Diego de Landa quien se dio la tarea de quemar tanto estos soportes escritos como a quienes los hacían y leían en el auto de fe realizado en el poblado de Maní en 1562.

No obstante desde el mismo momento de la invasión y colonización española las grandes epopeyas líricas americanas comenzaron a surgir bajo la pluma de los conquistadores; “La Araucana” de Alonso de Ercilla, o “La Florida” del Inca Garcilaso de la Vega.

El Libro en El Salvador

Paradójicamente el territorio que hoy conocemos como El Salvador fue durante la colonia española explotado para cultivar jiquilite, planta que derivaba la materia prima para la pasta base del añil, que era la tinta de esa época, tanto para imprimir libros, o bien, otros usos diversos.

Pero lo que resultó sorprendente es que a pesar de ser un fraile quien se preocupó por imprimir por primera vez en la provincia de San Salvador, no fue un título religioso el primer libro salvadoreño, ni mucho menos teológico o algún laudes, fue un especie de manual para popularizar el arte de la extracción del añil.


De esta manera desde el año 1641 se tiene registro que el primer libro hecho en el país fue “El Puntero Apuntando con Apuntes Breves” (Es válido mencionar que hay autores que ponen en duda esta fecha).

No obstante a este caso esporádico de “El Puntero” la producción de libros y otros textos durante la colonia eran vigilados de cerca por el clero, llegando a monopolizar la palabra escrita creando un oscurantismo literario en las provincias. Los centros metropolitanos como México y Lima reproducían pocas o esporádicas obras seculares.

Fue hasta finales de la colonia y en épocas republicanas cuando se empezó a producir libros de literatura, tanto de poesía, narrativa y publicaciones de tipo oratoria como la de los hermanos Aguilar, donde denunciaban a la monarquía y su poder absoluto, así como la abolición del esclavismo; producto de un empuje inevitable que las ideas de la ilustración traían consigo, por medio de un trasiego de libros prohibidos y el surgimiento de los primeros periódicos.

PRIMERA ENTREGA: EL LIBRO Y SU RAZÓN DE SER
TERCERA ENTREGA: EL LIBRO Y LA REVOLUCIÓN
CUARTA ENTREGA: EL LIBRO, LA GENERACION COMPROMETIDA Y LOS LIBREROS
QUINTA ENTREGA: EL LIBRO Y LAS EDITORIALES SALVADOREÑAS