13/11/17

Análisis electoral 2018, El Salvador

Análisis electoral 2018, El Salvador

A las puertas de un nuevo periodo electoral, el pulgarcito de América elegirá el 4 de marzo de 2018 nuevas representaciones para el parlamento y 262 sillas edilicias para cada municipio del país, y luego, un año después serán los comicios presidenciales, pero al parecer estas opacan a las primeras.

Lo primero a analizar es que los tres principales partidos políticos llegan a estos comicios del 2018 débiles; GANA con la sombra ineludible de su máximo ícono político preso, ARENA con serias divisiones internas tanto que dos de sus diputados se declararon independientes, y por último el FMLN en una seria fisura provocada por el alcalde capitalino Nayib Bukele.

La militancia y simpatizantes de cada partido minimizan los impactos de sus desgastes pero la verdad es que el “establishment” salvadoreño está más débil que nunca, la clase política se desprestigia cada vez más. La encuesta de IUDOP de junio de 2017 revela que el actual gobierno es el peor evaluado en las últimas dos décadas.

El efecto Nayib

Después de la ruptura del alcalde capitalino con la dirigencia del FMLN el deterioro de la imagen del partido oficial es significativa. La inconformidad del primero por no ser el candidato presidencial para el 2019 lo lleva a una clara confrontación interna en el seno del FMLN, el cual lo termina expulsando después de una serie de enfrentamientos domésticos.

Ahora el joven político y empresario de origen palestino apela a un marketing político donde se vende como una figura “outsider”, es decir, fuera de lo tradicional y lo establecido, haciendo uso de su rostro joven, su capacidad de inversión en medios comunicativos y un discurso diferente; se muestra como un posible candidato potable y alternativo a la derruida clase política salvadoreña.

El problema es que tanto Nayib con su frescura, GANA, ARENA, o el FMLN, necesitan convencer a un pueblo incrédulo que ha sido engañado muchas veces. Desde que hubieron elecciones después de las dictaduras militares todos los candidatos se presentan como salvadores con discursos de esperanzas, y luego cuando llegan al poder los cambios no se formalizan, mientras los éxodos masivos de migrantes huyen de un país maltrecho por la corrupción, azotado por la pobreza y falta de oportunidades, siendo un caldo perfecto para la proliferación de la violencia y el narcotráfico, y por su puesto el fenómeno pandilleril.


Necesitarán más que palabras y bonitas frases para que la gente confíe en ellos. Por desgracia la clase política lo sabe y pareciera que a lo único que juegan es a ser menos peores que su competencia, a eso es lo que le llamo: “la campaña electoral del menos malo”. Siendo por ahí donde el joven alcalde puede ganar si sabe jugar sus cartas, después de todo tiene lo necesario para hacerlo, en especial el dinero para comprar espacios y alianzas.

Este fenómeno de escoger al menos malo por desgracia impacta en forma negativa la moral del pueblo porque la gente no es tonta, y menos la juventud, que ve la realidad tal como es, siendo la desesperanza el inevitable pan de cada día.