15/9/16

Las afro-descendencias salvadoreñas

Las afro-descendencias salvadoreñas

La búsqueda de la identidad nacional – regional resulta ser imprescindible para el desarrollo, no solo salvadoreño, sino centroamericano. Sin historia no entendemos la identidad y sin ésta no hay cultura, por lo tanto la construcción del futuro es incierta.

Es feo decirlo pero la historia que nos han contado en las aulas de clases no es la correcta. No porque los profesores sean mentirosos, es más bien porque la antropología ha cambiado, los estudios del origen de la humanidad han replanteado nuevas verdades científicas, y por otro lado, los opresores no pueden ocultar más sus paradigmas caducos.



Esa teoría de los tres troncos genealógicos no es cierta (negroide, mongoloide y caucásico), eso que nos explicaban, hasta cierto punto, es quimérico. Todo con el objetivo de justificar la superioridad de una raza sobre otra.

Los últimos estudios genéticos nos dicen una verdad irrefutable, que es: somos “homo sapiens sapiens” y provenimos todos por igual de África, por ende el humano moderno surgió hasta hace 200 a 150 mil años atrás, de ahí en adelante fuimos la especie dominante del planeta, y ésta floreció en el continente más antiguo de todos, para ser más específico en la zona de Zimbabue (África suroriental) y el Valle del Rift.

Para los que quieran conocer más al respecto recomiendo esta lectura: Los Senderos del Edén del médico británico Stephen Hoppenheimer, quien a través del estudio mitocondrial del ADN retrocede en el tiempo para concluir, entre otras afirmaciones, que el término “raza humana” es cuestionable, pues todos descendemos de una misma “Eva” genética de origen africana.

El problema ante este nuevo conocimiento es que aun acarreamos con los prejuicios que nos inculcaron, nos decían los sabios ministros de educación de antaño que “los negros” eran seres salvajes, que no conocían religión ni formación educativa alguna, más aun, los “cimarrones” eran tan indignos y rebeldes que merecían ser “domados” a base de yugos y cadenas, justificando así los trabajos forzosos y trato inhumano.

De ahí en adelante los americanos nos jactamos de ser "occidentalizados"; las lenguas oficiales son idiomas latinos, romances y anglosajones; y si acaso reconocemos un segundo orden cultural, es la identidad del originario americano. Pero, qué hay de los 20 millones de africanos que migraron en forma forzosa e infrahumana al continente. Acaso estas personas son un paréntesis; creo que no.

En el caso salvadoreño ¿En qué parte de la historia quedan los esclavos que trajeron los hidalgos españoles para los cultivos de jiquilite (añil) y cacao? 

En la actualidad para las élites es un inciso en el que no alcanza la tinta de la pluma. Esa es la parte de la historia que no nos cuentan y que ahora tanto nos hace falta en la identidad nacional.

Dentro de los tantos mitos que acarreamos de generación en generación es que en El Salvador no hay negros, no hay afro-descendientes, es más, somos tan torpes que defendemos esa afirmación a capa y espada como si fuese un patrimonio, cuando los estudios genéticos, arqueológicos, lingüísticos y antropológicos son irrefutables. 



Apenas asistimos a esa idea como si fuera un souvenir en el dossier del quehacer académico intelectual del país, sin asumir la necesidad de la creación de una verdadera identidad nacional.

Todos los salvadoreños somos afro-descendientes recientes, es decir, de los últimos 500 años. Nuestro mestizaje es una realidad que la comunidad antropológica salvadoreña afirma en forma categórica.

Es una verdad innegable por muchos mitos que nos quieran contar. Todas esas voces en las que nos desvinculamos de las raíces negras son imprecisas, en la actualidad no tienen base científica, son nada más que “cuentos chinos” que llegan a ser a lo sumo anecdóticos. Llevándonos esta nueva realidad a otro problemas que conlleva aceptar la verdad: ¿qué hacemos al respecto?

La disyuntiva es que África es un continente, incluso, más complejo que el nuestro y los intentos de comprensión por nuestra parte son mínimos, por lo tanto en pocas palabras, hay una tercera parte de nuestra identidad inconclusa, o más bien oculta.

Por desgracia el estudio de nuestra afro - descendencia no despega en el grueso de los “cultos”, aun creemos que durante más cercanos sean nuestros descendientes de los europeos más civilizados somos, cuando en realidad no es así.



Fray Bartolomé De Las Casas explicaba en una de sus celebres encíclicas que había que importar negros a las Américas, pues eran un poco menos que humanos, por lo tanto, merecían ser tratados peor que los originarios “indígenas”.

Ese paradigma va aun inherente en la vox populi salvadoreña lo que implica un grillete cultural tan pesado como esas cadenas con las que viajaban millones de personas en esos barcos negreros que aun no terminamos de estudiar por miedo a la verdad.



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