7/9/18

Afro descendencias salvadoreñas, segunda parte

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Afro descendencias salvadoreñas
Segunda entrega

Las afro descendencias en El Salvador son innegables, la comunidad académica lo aceptó, las escuelas de antropología tanto de la UES (Universidad de El Salvador) como la UTEC (Universidad Tecnológica) ya se toman en serio este tipo de estudios.

Lo malo es que el grueso de la población aun genera resistencia sobre nuestras afro descendencias recientes. La tercera raíz como se conoce a nuestros orígenes africanos es latente en nuestra idiosincrasia, y no es minoría.

Los estudios al respecto nos dicen que durante los periodos conocidos como “La Conquista y La Colonia” de América hubo una migración forzada de esclavos africanos de más de veinte millones, aunque se aclara que este dato es impreciso basado en referencias del importe de “piezas” (esclavos) en los puertos atlánticos, por lo que podría ser la cifra mucho mayor.


Sin duda las costas atlánticas americanas y el Caribe son las zonas más visibles de gente de origen africano, pero la verdad es que todo el continente se vio influenciado. A 500 años del inicio de la invasión podemos decir categóricos que en términos de identidad no debemos hablar solo de pueblos originarios y europeos, tenemos que incluir en nuestros patrones y valores culturales las afro descendencias.

Quizá el problema de la invisibilidad africana en sociedades criollas como la nuestra, además de ser de naturaleza excluyente y racista, es que para el ojo del común no se pueda clasificar la afro-descendencia a simple vista, porque a estas alturas del siglo XXI estamos mestizados.

Sin embargo, ante la falta de estudios genéticos concluyentes siempre habrá detractores, pero las relaciones lingüísticas, etno-musicales, teológicas, antropológicas, en fin… culturales en general nos dicen que nuestra africanidad vive latente en el día a día; ya les explico el por qué.

Para quienes estudiamos historia e investigamos estos temas es difícil encontrar evidencias por diversas razones; una, es que la gente originaria de África que se instaló en el territorio venían como esclavos y los registros son difíciles de encontrar, existiendo además pocos fondos para este tipo de investigación.  

En el caso salvadoreño muchos de estos registros se perdieron en el incendio del Palacio Nacional en 1889, y aunque no lo crean ahí se quemaron muchas de nuestras referencias históricas de toda índole.

Entre las razones también está que otras personas africanas arribaron como prófugas huyendo de la esclavitud cruzando el istmo de las costas atlánticas hondureñas y guatemaltecas, hasta llegar acá a El Salvador, y de eso se conoce poco, yo lo he podido saber hablando una tarde entera con la antropóloga, profesora y especialista del tema Marielba Herrera.

Pero la razón principal de la negación de nuestra africanidad es, sin duda, la fijación cultural que debemos romper, la cual es: la visión parcializada de la escuela tradicional occidental, y el supuesto camino al desarrollo. Por lo tanto el estudio histórico del viejo continente debe ser europeo, dejando sin valor al africano.

Centroamérica es un istmo, y la geografía como tal nos ubica en un punto estratégico comercial y cultural, por lo tanto, somos un territorio de sincretismos, somos la unión de creencias y mitos, de ideologías y formas de pensar.

Hace tiempo un viejo barbudo alemán que conocí en el malecón de Managua me decía mientras me comía un coctel de conchas con cilantro, tomate y cebolla; afirmaba en forma sátira: “Tú eres un indio blanquinegro”; yo recuerdo que por mi parte le contesté un poco enervado: “Esa es mi riqueza que tanto en el fondo admiras”…

Lo cierto es que el estudio de la identidad es importante porque ahí encontraremos los valores de pertenencia y patrones de conducta que nos llevan a formas de desarrollo colectivo; nacionalismo para unos, patriotismo para otras personas.

El multiculturalismo es nuestra receta de pertenencia, es en otras palabras la diversidad la riqueza folclórica, la cual incluye para fortuna la sapiencia de la más antigua de las civilizaciones, la africana. Y es ahí lo que no nos cuentan, lo que nos ocultan a capa y espada; África es el continente abuelo, el de saberes milenarios y épicas tan inimaginables como bonitas.

Nos venden, y les compramos, que el continente africano es un territorio sin valor, de gente pobre y retrógrada, innoble y de sociedades sub desarrolladas; y eso es lo que vemos en los medios de comunicación, en las noticias y en los textos de historia que apenas hojeamos.

Qué dirían ustedes mis conversas si les contase que África fue cuna del emperador más rico que toda la historia humana hubiese conocido, él se llamaba Mansa Musa y era maliense; y fue en los anales de este imperio que se promulgó en el siglo XIII “La Carta del Manden” la primera proclama de derechos humanos en la historia, formulada por Sundiata Keïta el fundador del imperio. En ella se reconocía la igualdad entre las personas, hombres y mujeres, así como los demás derechos civiles universales; el mundo “civilizado” tuvo que esperar 500 años para dar semejante paso.

Qué pensarían si les dijera que el sistema religioso del Ifá (de África occidental) es monoteísta como el nuestro; y sí, es esa misma creencia que satanizan como vudú, y que en la gran ignorancia y prejuicio social llaman como “diabólica”.

O bien, si les cuento que la mayoría de instrumentos musicales que conocemos son de origen africano. Por cierto, la marimba que tanto glorificamos como instrumento típico es de raíces africanas.

Griot es quien se denomina como músico y puede ser mujer u hombre, pero en la cultura africana ser Griots es más que ejecutar instrumentos, estas personas son embajadores recitando en sus cantos las historias antiguas como los bardos europeos, pero además transmiten leyes, costumbre, e incluso, oficios artesanales. La original Carta del Manden es cantada, no es escrita ni leída.

Cómo reaccionarían si les afirmara que en el Medievo mientras los europeos quemaban a sus sabios pensadores los pueblos sub saharianos guardaban una gran biblioteca con todos los conocimientos y mapas que luego portugueses y españoles utilizarían siglos después… Esa biblioteca estaba en la ciudad de Tombuctú, y era emporio del gran imperio de Malí.

Además sabían que mientras el mundo que conocemos como “civilizado” sufría la peste bubónica por ser cochinos y desaliñados, los africanos ya conocían el jabón; hecho con aceites naturales y barros exfoliantes que les dejaban una epidermis saludable y libre de bacterias. Así les podría seguir contando un sin número de significantes para que asumieran mis estimados lo cuan errados estamos en nuestras lecturas históricas.

Les digo todo esto porque el estudio de nuestras afro descendencias va más allá del cimarronaje, del barco negrero, del vudú y de la santería. Nunca podríamos asimilar el sincretismo al cual se vieron obligados acoger los esclavos en este continente, si no entendiéramos la cultura e historia africana, la cual es rica y desafiante para una clase intelectual que intenta comprender la tercera raíz americana, la identidad perdida en este rompecabezas cultural que no termina de cuajar.