4/8/17

Salir del closet

No podemos seguir comportándonos de esta manera, no podemos seguir discriminando a las personas por sus preferencias sexuales como si fuese una guía cultural normal; la marginación por identidad de género no es una conducta de futuro, no podemos seguir tolerando la segregación entre seres humanos.

Salir del closet

Soy un periodista y escritor independiente, un humanista de vocación, pero a la vez nací y crecí en una familia y sociedad machista como casi todo mundo; sin embargo, a lo largo de mi vida he llegado a la convicción de estar a favor del matrimonio de las personas del mismo sexo. Les cuento como a través de los años y décadas he cambiado mi postura al respecto, de ser un homofóbico a un aliado de la comunidad LGTB (lesbianas, gay, transexuales, bisexuales).

Por cierto, le debo una disculpas a Danilo Ramírez director del Centro de Estudios de Género de la Universidad de El Salvador por un OSO que cometí, y digo “oso” en mayúsculas porque lo es, a lo largo de este artículo se los cuento.

Estudié mi educación básica y media en centros de estudios donde se me educó a asumir la “homosexualidad” como una aberración, como algo anti-natural, anormal y que ese tipo de orientación sexual son fenómenos patológicos de la sociedad.

Sin embargo, siempre me gustó leer, y entre mis ojeadas a los libros y los textos de estudios de secundaría y bachillerato, inevitable, me llevaron a conocer los anales de la cultura occidental, la Grecia y Roma antigua. Los padres de la democracia, la filosofía, la ética, el deporte y sus preferencias sexuales. Entonces, por ahí había algo de la academia que no me cuadraba con la moral contemporánea.

Pero la espiral del silencio me llevaba a la jerga de todos los machistas, a burlarnos de “los maricones”, y hacer bromas, a molestar a quienes eran amanerados, o a quienes tuviesen preferencias marcadas por su mismo sexo. Podría asegurar que hoy en día esa tendencia no ha cambiado mucho.

Pero el primer momento que tomé la reflexión en forma humana y seria fue en mi adolescencia, cuando supe que mi hermano mayor tenía preferencia sexual hacia su mismo sexo.

Pocos años después recuerdo que tomaba cerveza entre amigos y vecinos cuando uno de estos, bien lanzado, me molestó al respecto (por la sexualidad de mi hermano), y yo muy machista le tiré el líquido del vaso a su persona y se armó semejante bronca… como me arrepiento de eso. Por la cerveza derramada.

Asumí entonces que quería y amaba a mi hermano mas allá de su preferencia sexual, asumí que las convenciones sociales tradicionales eran contrarias a los valores universales, y por supuesto, entendí que la iglesia y la religión son artilugios humanos y como tales son imperfectos, y sólo el tiempo la historia y la evolución los podrían hacer llegar a niveles más incluyentes.

No podría excluir de la mesa familiar a mi hermano por sus preferencias sexuales, no podría verlo como una persona de segunda categoría… jamás. No podría ser escritor y publicar libros para jóvenes sino asumiera la equidad entre las personas.

Por cierto, le debo una mesurada disculpa a Dani Ramírez director de la secretaría de estudios de género de la UES.

A lo largo de mi proceso universitario conocí a compañeros con gustos y tendencias a su mismo sexo, tanto mujeres como hombres, hacíamos trabajos ex-aula, compartíamos angustias por pasar los exámenes, así como los conexos de la vida universitaria, y yo a su vez aprendiendo a ser más gente, tanto por el valor de amar a un hermano como el sentir de una amistad sincera; por desgracia nunca tuve una educación inclusiva hacia las minorías, eso lo fui aprendiendo poco a poco, tratando de imaginar lo difícil que sería estar soportando toda la discriminación que sufrió mi hermano y muchas otras buenas amistades.

Matrimonio entre el mismo sexo

Pasé muchos años creyendo en la voz popular: “cada quien hace de su jarrón un florero”, como si fuese eso suficiente para considerarme una persona incluyente; sin embargo, el matrimonio entre personas del mismo sexo es y seguirá siendo un tabú. Los periodista no hablan al respecto, las conversaciones entre amistades de ambos sexos tampoco tocan ese tema, y mucho menos se atreve la clase política.

Nadie quiere salir de su closet por miedo a ser salpicado por comentarios de doble moral al respecto, los medios de comunicación temen perder publicidad, los políticos votos y entre amigos se tiene pavor a que se cuestione la virilidad de quien mencione el tema.


Por suerte soy independiente y no estribo de publicidad o editor alguno, y además, al ser un hijo del Alma Mater no temo tampoco ser excomulgado por Francisco o el hermano Toby, tampoco me importa que me discriminen mis amigos o vecinos, porque mi hermano me enseñó con su ejemplo a ser una persona valiente, es decir, a defender con convicción las ideas, siempre y cuando lo haga con respeto y sin agredir a otras personas.

Mi hermano y amistades quienes han tomado la valiente decisión de declararse diferentes en sus preferencias sexuales, aun a sabiendas que serán discriminados, no son ningunas aberraciones naturales o fenómenos como suelen calificarles. Son personas que luchan y viven en pareja, hacen patrimonio y tienen derechos legales y conyugales, como el derecho greco-romano del cual tanto nos alardeamos tener, pertenecemos a una cultura civilizada porque guardamos esos principios filosóficos, pero con respecto a la comunidad LGTB solo somos civilizados del diente al labio.

Los espartanos temidos guerreros tenían peculiares gustos sexuales, los mismos quienes defendieron aguerridos el paso de las Termópilas ante los “bárbaros” persas; no digamos los originarios americanos de quienes tenemos innegables descendencias genéticas y culturales.

En fin, más allá de los conceptos morales victorianos o católico-cristianos, no podemos seguir llamándonos sociedades civilizadas si nuestras leyes siguen siendo discriminativas. Debemos permitir que las personas del mismo sexo se casen para que sus trámites notariales gocen de los mismos derechos que todas las personas, de lo contrario seguirán siendo ciudadanos de segunda, y eso no es correcto.

Por lo tanto, le pido disculpas a mi hermano mayor por no haber escrito esto antes, por el cobarde temor de creer que las salpicaduras de las habladurías pudiesen afectar mis estereotipos y el temor al qué dirán.


Y de igual forma cierro este artículo amorfo pero sensible a la vez, con el más sincero descargo a Dani Ramírez, no porque le haya dicho algún improperio o discriminación, sino, porque siendo él un defensor acérrimo de la comunidad LGTB y un incansable luchador lo invité a la presentación de mi libro “El Ajillo”, el cual transmite todo este pensamiento inclusivo, y yo de muy sonso y despistado, no le di la palabra en la mesa de honor en la presentación que hice en la Universidad de El Salvador, cuna del pensamiento libre. Espero me pueda perdonar si acaso lee este artículo y si acaso no me ha bloqueado entre sus contactos.

A quienes les interese conocer más sobre el tema dejo esta entrevista que realicé en la radio de la Universidad de El Salvador sobre los retos y realidades del sector LGTB, donde hablamos durante una hora con Edgardo Cruz Torres de la Secretaría de Inclusión Social de la Presidencia y también, por supuesto, con Danilo Ramírez del Centro de Estudios de Género de la UES.


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31/7/17

La difícil verdad del periodista

Les comparto esta vez las palabras de Serafín Valencia, Presidente de la APES (Asociación de Periodistas Salvadoreños), porque sé de antemano que ningún medio de comunicación las publicaría.

La difícil verdad del periodista
Por Serafín Valencia
Hubiera querido iniciar este texto con la obligada frase de "feliz Día del Periodista", sin embargo, no creo que suene honesto para quienes conocen las entrañas de esta profesión y la viven o la sufren a diario, quemándose los pies en el asfalto caliente de la realidad nuestra.
Aunque muchos vivamos intensamente la profesión porque la llevamos en la sangre, porque aprendimos a amarla, porque la necesitamos o porque necesitamos comer, también sabemos que hay momentos en que la sufrimos de distintas maneras: con bajos salarios, sobrecarga laboral, inseguridad personal, acoso sexual y laboral... y hasta sometimiento editorial.
Periodistas y trabajadores de prensa seguimos aceptando como natural aquella falacia que nos decían en la universidad de que "el periodista tiene hora de entrada pero no de salida"; haciendo jornadas de hasta 12 horas sin la debida remuneración.
Hay periodistas y trabajadores de prensa aterrorizados frente a las empresas para las que trabajamos, cuando se nos violan nuestros derechos temblamos del miedo y nos ponemos mordaza para evitar un futuro despido. En algunos casos el empleo es usado como moneda de cambio frente a los caprichos editoriales de las empresas mediáticas.
La lista de males que nos afectan es larga: autocensura, censura del medio, irrespeto a nuestros derechos como trabajadores, irrespeto a la dignidad como personas, sobre explotación laboral y un naciente sistema de empleo desmejorado a través del "freelanceo" o el trabajo "hecho en casa".



Estas prácticas no son exclusivas de los medios tradicionales y de derecha, también las realizan los medios digitales, los medios cercanos al gobierno o los llamados de "izquierda". No se trata de ideologías sino de irrespeto a la ley desde todas partes.
Frente a esta realidad, antes de dar una felicitación que evoque a "jolgorio" este 31 de julio, prefiero instar a la reflexión y animarlos unirse para que juntos edifiquemos el camino para que aquellos que vienen llegando tengan días mejores. Sólo unidos seremos mejores periodistas, mejores trabajadores, mejores personas y haremos mejor periodismo.
Abrazos apreciados colegas (Serafín Valencia)

Lea también:  De la pluma a la acción artículo escrito hace ocho años pero aun válido para la realidad del periodista. 




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26/7/17

¡Cuidado!... con los troles ilustrados

¡Cuidado!... con los troles ilustrados

Es difícil tomarse el tiempo y energía para hablar de la escoria cibernética; sin embargo, como estas personas contaminan a diario nuestros espacios, entonces, es necesario prevenirnos e identificar sus oscuras intenciones.

En ideología son variados y hay de todos colores, más bien funcionan al mejor postor. Ahora que estamos frente a otro ciclo electoral surgen de nuevo, pero esta vez con renovados matices, así como el pandillero que ahora no se tatúa para hacer sus fechorías para no delatarse, de esa misma forma los (o las) troles del ciberespacio evolucionan. (Lea artículo sobre troles escrito hacer cuatro años)

En la actualidad han aprendido a evadir el algoritmo de las redes sociales, qué quiere decir eso: Es que Don Facebook y Don Twitter usan cada vez mejores filtros para detectar estas cuentas y luego las bloquean; por eso ahora usan nombres de gente común, y no mas sobrenombres mitológicos como antes, además hoy en día escriben con ortografía aplicada y no con los yerros que nos tenían acostumbrados, a su vez, una de sus nuevas técnicas es crear grupos o foros con anticipación y con aparente nobleza “ciudadana” para iniciar sus discursos con apego y razón, pero con el tiempo van descubriendo poco a poco sus obtusas ideas fundamentalistas.


Y lo más notorio es que ahora son buenos en el arte de distraer a la opinión pública, aprendiendo técnicas como la del silogismo. La lógica del silogismo en forma fácil es cuando tenemos una premisa mayor y otra menor, y ambas unidas forman una conclusión, la cual tiene por objeto persuadir, muchas veces en forma errónea creando prejuicios como valores mediáticos. Ejemplo: Premisa mayor (los hombres son en esencia “libres”), premisa menor (las mujeres no son hombres), conclusión (las mujeres no son libres).

Otra de las nuevas técnicas es que compran dominios y crean páginas web propias, luego las visibilizan como blogs o periódicos serios, incluso hasta tienen publicidad, pero en realidad crean escenarios falsos, mienten en forma descarada y distorsionan la realidad, después comparten estos contenidos y generan contra-propaganda en forma sofisticada.

Lo anterior me lleva a pensar que ser trol es una tarea de tiempo completo, por lo tanto, es gente asalariada, trabajan en equipo y además ya no son párvulos atarantados contestatarios como hace unos cinco años, más bien ahora son profesionales (o medio académicos) que tienen nociones básicas de comunicación política, en otras palabras, existen escuelas de activismo trol, y por supuesto, agencias trol.

Cómo detectarlos

Muy ilustrado podrá ser un trol pero siempre ocultará su identidad, su rostro. En forma usual pondrán imágenes de muñequitas o escudos, símbolos de lucha e iconos que suelen generar simpatía.


Defienden candidaturas y partidos, y antagonizan en forma clara con un “enemigo”. Es difícil que sepan debatir ideas o razón alguna, son fundamentalistas y dogmáticos. Su falange siempre será la ofensa y la discriminación.

Utilizan foros y grupos como plataformas trol, ahí se cuelan a un principio con ideas nobles entre miles de usuarios, así llaman la atención y generan seguidores por meses, pero en la medida que se acercan las elecciones suelen envenenar sus discursos y se vuelven panfletos del ciberespacio.

Qué debemos hacer

Denunciarlos a Don Facebook y Don Twitter, luego bloquearlos; pero el mejor antídoto trol es procurar ser una persona culta, (quien se cultiva en buenos modales y ética social); esa es una actitud que debe marcar nuestra conducta hacia un sentido común y desarrollo, no solo en el ciberespacio, sino, en la vida cotidiana.

Si leemos un enlace de algún periódico digital o blog chequemos que este medio tenga personas como directores de redacción, periodistas, una dirección física, correo electrónico, teléfono y todo eso que nos indique que existan una o más personas reales, de lo contrario desechemos este sitio pues sabemos que nos están engañando.

Si detectamos troles a favor de “a” o “b” político desconfiemos de estos servidores públicos, pues si un líder o lideresa utiliza estas técnicas, ¿qué hará bajo la mesa? No les demos el voto para darnos a respetar.

Y lo más importante, entender que las redes sociales son y están diseñadas para hacer amigos no enemigos; estos espacios son para debatir, protestar, entretener, reír, vender, aprender y abrir nuevos horizontes, y no son para insultar ni para dar rienda suelta a los instintos animales.

Por lo tanto, si ves perfiles desnaturalizando el sentido de la palabra “red social” es mejor bloquearlo y denunciarlo a través de los mecanismos establecidos, y evitemos cerrar nuestras propias cuentas como muchas personas suelen hacer.


Que los troles no dominen ni contaminen nuestro ciberespacio.





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25/6/17

Ilusiones Áridas

Ilusiones áridas (crítica literaria)

Cuando las ilusiones son esos anhelos insistentes por ser realizados, e inexorables metas que marcan los destinos de las personas, y más aun cuando a pesar de las dificultades se logran, éstas se convierten en historias de vida, en historias que nos motivan a ser mejores; sin embargo, leyendo este libro titulado “Ilusiones áridas” de Alberto F. Alvarenga, asimilo que esta es una narración que va más allá del género conocido como superación; es más bien un libro social que denuncia injusticias, estafas, violaciones, explotación infantil, carencia de derechos básicos como salud, educación, vivienda, alimentación, y por supuesto, seguridad ciudadana.

La importancia de este libro es porque el lector hilvana el valor de la conciencia social con el desarrollo de los pueblos. Muchas naciones son tercermundistas no por carecer de grandes centros comerciales, edificios o carros lujosos que corren por las autopistas y pasos a desnivel; somos tercermundistas por la falta de oportunidades de la juventud, quienes sin apoyo construyen un futuro árido como es el caso de El Salvador, Guatemala y Honduras.


Esta es una novela biográfica que nos muestra en retrospectiva las cosas que están mal en la sociedad, pero por la forma y estilo del autor nos vemos reflejados con la parte de culpa de cada quien.

Esta es una historia dramática que muestra lo crudo que puede ser la vida si el Estado no toma su responsabilidad básica, procurando bienestar a la familia, la protección jurídica de la gente rural o marginada, la infancia sin una vida digna, la juventud sin educación, las personas de tercera edad sin pensión universal; pero sobre todo la deshumanización a la que hemos llegado, como si fuese un manto de invisibilidad de las cotidianas injusticias sociales que vemos día a día.

Ilusiones áridas debería ser una lectura obligada para personas que tengan un nivel de poder sobre uno o más jóvenes, para padres o madres de familia, o también, para esa muchachada que a veces no valoran lo que tienen.

Pero sobre todo este libro debe ser leído por la clase política para que entiendan lo que está mal en este país, para que sus buenos oficios procuren resarcir el daño que le hicieron al país por no invertir lo debido en la juventud, en la educación, deporte y cultura.

El autor cuenta como estafan a su padre y le despojan de sus tierras quedando la familia en miseria, luego relata cómo sus hermanas caen en las garras de un abusador sexual quien también lo explota a él a niveles de esclavitud laboral, asumiendo el lector en forma tácita la falta de oportunidades y protección jurídica que vive la gente, más aun la falta de educación y oportunidades en general.

No me queda más que felicitar a Alberto F. Alvarenga quien no es ese literato extrovertido de exquisita alcurnia, lejos de eso, es de los escritores que trascienden por ser de la calle y que describen denunciando injusticias sociales tal como lo hizo en su momento Manlio Argueta en su libro “Un Día en la Vida”.





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7/6/17

Arranca la campaña

Arranca la campaña y la contaminación electoral

Podemos decir categóricos que la campaña política para pedir el voto ya inició, aun cuando el Tribunal Supremo Electoral (TSE) no ha abierto el periodo de proselitismo.

Las fichas en el tablero se mueven y las distracciones surgen como un enjambre de mosquitos al inicio invernal.

La derecha afila sus insultos y la izquierda apela al romance de la igualdad social, la contra-propaganda y el ejército de troles empiezan a invadir nuestros espacios, mientras las querencias de la gente se ven cada vez más utópicas.

Las primeras mediciones de la opinión pública ya salieron a la luz, tanto la encuesta universitaria del IUDOP (instituto universitario de opinión pública de la UCA) así como la de Cid Gallup, ambas muestran una realidad innegable y que todos sabemos; sin embargo, estos instrumentos nos permiten afirmar y resumir los siguientes puntos:

Primero: la imagen y gobierno del actual presidente es bastante negativa; dos: los principales problemas de la ciudadanía son la delincuencia, la corrupción y el deterioro económico. Y tercero: la clase política se erosiona cada vez más y la desesperanza es un sentimiento que marca el común denominador.

Esto hace que la derecha (la actual oposición) prepare su clásico discurso de terror acompañado de ofensas, prepotencia y otros eufemismos, que en última instancia van encaminados a la denigración del enemigo izquierdista, como si fuesen invasores extranjeros que quieren dañar a “la patria”, por lo tanto hay que defenderla.

Por otro lado la izquierda se empantana queriendo resolver una agenda de país, simulando ser un proyecto coherente a sus principios e ideario, pero la gente no lo percibe así, y cada día que pasa la esperanza y el cambio que evocaron en campañas pasadas se va desvaneciendo como un arco iris a la salida del sol.

Austeridad, cambio, meritocrácia (cuando se designan funcionarios por idoneidad no por preferencia política), fin de la corrupción, unidad nacional… son ideas que la población ya las escuchó en campañas pasadas y aun esperan que se cumplan.


Los resultados de los comicios del 4 de marzo de 2018 donde se elegirá el parlamento y los gobiernos municipales no marcarán mayor diferencia en el mapa político salvadoreño actual, son más bien una antesala para las presidenciales que se realizarán un año después, en 2019, y es ahí la importancia de la próxima justa electoral.

En ambas encuestas se revela que la ciudadanía no es apática o desinteresadas al tema electoral, más bien en forma tácita añora propuestas concretas, y no más burlas e insultos entre la clase política, pues ese circo no nos lleva pan ni bienestar. No queremos más peleas intestinas que nos distraigan de la verdadera problemática que es sencilla de entender; más allá de los informes sesudos de los macroeconomistas y estadistas.