29/6/18

El cuarto poder y las redes sociales

El cuarto poder y las redes sociales

Muchas personas no terminan de entender qué es el “cuarto poder”, y encuentran el concepto surrealista y hasta quimérico, porque los medios de comunicación no constituyen un poder constitucional, por lo tanto, para las mentes simples tal poder no existe, es nada más un cliché.

Sin embargo, a lo largo de este artículo lo explicaré en forma sencilla, para que tengamos una mejor apreciación de la noticia, el acontecimiento y el interés público.

Para empezar tenemos que entender que la comunicación es una ciencia, al igual que la política, ambas tienen ese rango porque sus productos son comprobables, dirigidos y hasta palpables; a ambas disciplinas les podemos aplicar el método científico y obtener resultados concretos.

Luego es importante que comprendamos que los países que viven en democracia creen en la separación e independencia de los poderes “formales”: legislativo, jurídico y ejecutivo. Cada constitución norma e institucionaliza el rol de estos en la vida cotidiana de la gente.

El cuarto poder no es formal pero sí real, y ojo, no le pertenece a los medios de comunicación como muchos creen; es más bien el poder que ejerce la opinión pública sobre los tres poderes del Estado.

Por eso sin temor a equivocarme el cuarto poder se ejerce en países donde medianamente la democracia es viable y funcional. En países donde se censura la libre expresión es más difícil, pero no imposible, que exista el tal “cuarto poder”, por la sencilla razón que son dictaduras, hechas y derechas (o izquierdas también). A los poderes absolutos y totalitarios no les interesa la opinión de los gobernados, porque no depende de ellos el estatus quo de quien ejerce el poder.


Ahora se explican mis queridos conversas porqué los periodistas le caemos mal a mucha gente. En especial a quienes están vinculados directa o indirectamente con alguno de los poderes formales.

Y por supuesto, les somos abominables a los dogmas, a esos juicios incuestionables, a esos caudillos que se plantan como la razón pura como si fuesen figuras divinas, a los que están acostumbrados a mandar sin ser cuestionados, y mucho menos corregidos en la plana, o bien, en los titulares o encabezados, a ese tipo de liderazgos no les gusta que se les lleve la contraria en público, porque eso motiva a que la gente comente sus decisiones, adquiriendo cada quien juicios y valores libres, eso para ellos es inaceptable.

En otras palabras el cuarto poder lo ejerce la presión de las personas sobre las instituciones, llámense parlamento, jueces, ministras o presidentes. Lo que hacen los medios y el periodismo en sí, es brindar la información pertinente en el momento justo a la opinión pública, elevando el rango de un simple suceso a un acontecimiento.

¿Cómo se hace? Bueno, para eso hay que quemarse un poco las pestañas. Leer y cursar algunas materias pertinentes para dominar esa sutil habilidad, haciendo uso de las técnicas comunicativas y semióticas; por eso no deja de darme risa cuando veo en muchas instituciones como jefes de comunicaciones a abogadas, economistas, y hasta odontólogos.

El mejor ejemplo para entender el cuarto poder es el caso de “Watergates”, donde el ex presidente Nixon tuvo que renunciar por verse implicado como cómplice y encubridor en el caso del espionaje de escuchas hacia el partido opositor. La opinión pública estadounidense no le perdonó a Nixon semejante discrecionalidad en el uso del poder que se le fue encomendado, como presidente y fiel servidor del país.

O bien, por el lado contrario, el presidente Maduro en Venezuela no renuncia aun cuando se ve salpicado con tanto caso de corrupción en su gobierno, a él la opinión pública no le interesa, porque su permanencia en el poder depende de otros factores, y no del querer de la mayoría de venezolanos.

Los salvadoreños tenemos un sin número de casos, pero uno que podría mencionar a nivel didáctico para la comprensión del rol de los comunicadores en los poderes del Estado, es el tema de Tacuscalco, el cual surgió a luz pública el primer trimestre del presente año, siendo la noticia la destrucción del sitio arqueológico por parte de una empresa constructora; incluso, el vicepresidente de la república salió mencionado en la investigación publicada por un medio de comunicación digital, vinculado en forma indirecta a la empresa constructora Salazar Romero, la que ejecutaba la obra.

Las comunidades afectadas y organizaciones civiles un año atrás denunciaron a través de los canales institucionales dicha situación irregular, la cual fue tramitada con lentitud y displicencia por parte de las diferentes carteras del Estado. Cuando esto se supo en redes sociales y diferentes medios de comunicación la opinión pública ejerció su presión y gracias a eso se conformó una comisión en la Asamblea Legislativa para darle seguimiento al caso, hasta ese momento el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales se preocupó de tramitar el cese de la construcción la cual no tenía sus permisos en regla, de igual forma hasta que el tema ocupó titulares y encabezados la Fiscalía tomó cartas en el asunto, obedeciendo la sentencia que un juzgado de medio ambiente dictó meses atrás a favor de detener las obras.

En otras palabras, los poderes funcionan “mejor” si existe la presión del ojo ciudadano tras el accionar de las instituciones.

Redes Sociales

Para cerrar me gustaría hablar del papel de las redes sociales en el escenario de las comunicaciones periodísticas y el rol de la profesión.

A lo largo de estas dos décadas del siglo XXI las redes sociales se popularizaron y rompieron de una vez por todas el monopolio de la “agenda setting”, lo que en el caló periodístico es el proceso de decidir qué es noticia y qué no, dicha decisión antes era absoluta de los “señores” dueños de las corporaciones comunicativas; ahora no, las nuevas tecnologías han mermado en forma significativa la discrecionalidad que tenían del acontecimiento los empresarios mediáticos, quienes suelen interesarse más en manipular a las masas que en brindar buena información, ética y correcta, verás y oportuna.

En estos últimos años la noticia experimenta un nuevo ejercicio democratizador a través de los medios digitales, teléfonos inteligentes y las redes sociales.

Sin negar las secuelas que esto acarrea y el sub producto negativo consecuente, afirmo categórico que a nivel general el balance es favorable a la democratización de la información, porque se abre la factibilidad, entre otras cosas, al periodismo independiente, o bien, a proyectos que cumplen con la naturaleza propia del oficio, que es provocar al cuarto poder.

26/6/18

Carta a Nayib Bukele

Carta a Nayib Bukele

Estimado joven Bukele:

No me cabe duda que usted será presidente de este país, no sé si en el 2019 o en el 2024. Me gustaría ser uno de los primeros en felicitarlo en forma pública y abierta.

Le voy a contar, el otro día viajaba en un autobús interdepartamental y mientras iba sentado leyendo un libro de letras grandes, de presto me llamó la atención una sesuda discusión política entre los usuarios del transporte público: “Vos por quién vas a votar”, le preguntaba un señor moreno canoso medio regordete a una señora de iguales proporciones y edad madura, ella mientras metía su mano derecha al delantal para buscar su celular (de última generación) le contestó sin bacilar: “Yo voy a votar por Nayin”; y sin que terminara de gesticular su respuesta, el mismo quien preguntó le replica: “Y no era uste´ que decía que todos los políticos son corruptos pues…”; y le vuelve a contestar: “Sí, pero voy a votar por Nayin”; y sin pensarlo mucho le devuelve la pregunta: “¿y usted por quién va a votar, pues…?”; y le responde también sin titubear: “por Nayin”.

Al interrumpir mi lectura decidí escuchar con más atención la plática que llevaban varias personas en la parte trasera del autobús, al final, todos (sin exagerar), todos a quienes oí de fisgón afirmaban que votarían por usted mi estimado Nayib.

Unos por despecho otros por resignación, y sí, hay muchos también que confían en usted en forma ciega, pero la señora de vestido rosado con delantal blanco creo que fue la que confirmó el sentir generalizado de la gente, ella dijo: “Ya nos engañaron los areneros, ya nos engañaron los efemelenistas… asique el único que nos queda es ese cipote barbudito, ojalá no nos dé truco como los otros”.

En lo particular soy menos ingenuo que la señora del autobús y, en verdad, quisiera creer en sus palabras e imagen mediática cuando se planta raudo en las entrevistas contestando preguntas y respuestas prefabricadas, sin embargo, en el fondo siempre se me cuela la pregunta: ¿Quién asegura que usted no es Funes 2.0? el joven gallardo que en su momento apeló a la esperanza de tanta gente para convertirse en lo que hoy en día es.

Pienso en voz alta: La clase política nos ha engañado cantidad veces, y además de formas tan variadas; a lo que concluyo: "así como tenemos derecho a elegir también podemos desconfiar”.



Por otra parte todos sabemos que en el Tribunal Supremo Electoral le están haciendo su proceso de inscripción “casi imposible”, con tal de dejarlo fuera de la contienda electoral, a través de trámites burocráticos engorrosos, intentando descalificar su candidatura presidencial a toda costa, pero sé que es inteligente y al final logrará ser candidato de una u otra forma.

Estoy seguro que usted tiene mejores asesores y una buena logística, y sé además que durante más lo bloqueen mayor capital político le generan, porque la gente observa y la opinión pública no perdona; aun menos las redes sociales, teniendo en cuenta el empujoncito que le da el ejército de troles y otros personajes a su favor.

Para finalizar hay algo que no puedo obviar en esta modesta epístola; usted heredó una cantidad de millones de dólares, suficientes como para meterse a la cocina del FMLN y tentarlos con el espejismo de mantenerlos en el poder, y luego de estar ahí donde los coyotes aúllan, les dijo lo que quiso como cualquier salvadoreño hubiese querido hacer, señalándoles en público lo que son, rompiendo con el mito de las vacas sagradas… y eso se le agradece.


EL FANTASMA DEL GENERAL MARTíNEZ