31/12/16

Pasaje con un microempresario salvadoreño

Yohalmo
Pasaje con un microempresario salvadoreño

Ayer estuve en el restaurante de un viejo amigo, un camarada de mil batallas, un amigocho de infancia a quien le tengo mucho respeto y cariño; Yohalmo.

A pesar que él es una persona de ideología de derecha, autodefiniéndose como nacionalista, patriota y conservador, y yo un individuo de izquierda, socialista y para muchos tildado de “comunista”, llegamos al final de la noche a la sencilla conclusión, que: La conciencia social no tiene ideología, tanto el humanismo como el despotismo no reconocen tendencia o pensamiento político alguno.


Mientras comía un coctel de camarones pequeños con salsa rosada y aderezos a base de cebolla, cilantro y vinagreta, me hablaba Yohalmo de los males y plagas que el país ha soportado por los embates del comunismo y de la mala administración del FMLN. Le hice irónico el comentario que necesitábamos a los salvadores del partido de derecha de nuevo en el poder para enrumbar la economía nacional, entonces inconsciente volteo a ver a otro lado y evasivo se paró yéndose por otra ronda más.

Me di cuenta que estábamos inmersos en unas de esas pláticas trasnochadas donde no hay principio ni final, como a muchas personas nos suele pasar. Cuando él regresó con un par de vasos llenos de un liquido burbujeante y espumoso decidí mejor hablar de otro tema, pero de vuelta en vuelta la parla le llevó a contarme que estaba pendiente y preocupado por el colegio de la hija de la chef pues aun no había juntado el dinero suficiente para los útiles escolares ni la matricula de la niña de 7 años.

También durante el resto de la noche me habló de los problemas que el vigilante tiene para llegar a su casa, pues las pandillas a ciertas horas ya no le permiten ingresar al cantón donde vive cerca del casco urbano del municipio de Panchimalco. Así de esa forma me dijo que el hermano del mesero se había ido hace pocas semanas en forma ilegal a Estados Unidos y que aun no tenía noticias de él, lo cual le generaba ansiedad y estrés a su empleado por eso comprendía el estado anímico retraído del tendero.

Como pequeño empresario me confesó las aflicciones que tiene que sobrellevar mes a mes para pagar a tiempo los sueldos que son arriba del salario mínimo, por su puesto. Me manifestó que aun en carencias siempre cancela la planilla del seguro social, pues la salud de ellos y su círculo familiar es sagrada. Y en confianza con sigilo y en voz baja me narró cómo trata con las eminentes extorciones de las pandillas, quienes así como hacienda y la alcaldía también lo “sangran”.

A su vez me dijo que a sus empleados les da alimentación mientras permanecen en sus horas laborales ya sea almuerzo o cena sin cobrárselos, y además permite que lleven algún aperitivo a sus conyugues siempre y cuando se pueda. Pero sobre todo me quedó claro que Yohalmo escucha el lado humano de su personal, diciéndome en el calor de la noche tropical de San Salvador mientras se escuchaban los juegos pirotécnicos a pocas cuadras de donde estábamos por las celebraciones del fin de año:

––Mirá Cheje –pues así me dicen mis amigos en confianza– si vos no escuchas a tu gente… ¿cómo esperas que ellos te respondan a la hora del laburo? –continuando después de una corta pausa– una persona mal querida o mal tratada no va a rendir ni ser honesta en su trabajo… lógica elemental.

––Deberías ser revolucionario en vez de ser conservador así como me decís que sos –le repliqué en tono de broma. ––No jodás –me dijo en forma estrepitosa mientras se levantaba rápido de la mesa para asegurarse que atendieran en forma apropiada a una pareja de enamorados que estaban cerca y que pedían servicio mientras comían afanosos un plato especial de costillas de tunco bien refritas acompañadas de aguacate y chirmol.


 Al final mi estimado amigo se aseguró que todos sus clientes se fueran satisfechos y antes de cerrar su negocio dejó arregladas las condiciones para que el vigilante durmiera seguro en el mismo local, así no correría riesgo por la condición de delincuencia que sufre la zona de Panchimalco. Luego le dio los dólares necesarios a la chef para que pagara un taxi y la llevaran a ella y su hija, pues le permite llevarla al trabajo para que no gaste en niñera, por último habló de cerca con el mesero para darle animo porque sabe la preocupación que siente por su hermano menor que viaja en diáspora.

Mientras veía todo esto reflexionaba diciéndome a mí mismo: ––Ojala el vicepresidente Oscar Ortíz creyese en el recurso humano como principal valor que mueve toda empresa o corporación, pero triste me doy cuenta que no es así, quedándome claro hace un tiempo que una persona de izquierda no es sinonimo a ser alguien de conciencia social. En una frase muy escueta pero significativa dejó mucho que pensar al declarar a los medios de comunicación el vice-mandatario, ante las protestas de cientos de policías por mejoras laborales: ––Si no les gusta su trabajo…  que renuncien.

Me despedí de Yohalmo y le dije que sentía orgullo de ser su amigo, aun cuando las ideas y la política nos antagonizaran.


Izquierda y derecha, sus orígenes





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