2/2/16

Izquierda y derecha, sus orígenes

Izquierda y derecha. Sus orígenes

La etiqueta de ser una persona de izquierda o derecha acompaña no solo a los políticos, sino, a todos los individuos y es inherente en el día a día. Nos autodenominamos y llega un momento de nuestra madurez que nos hacemos la pregunta, ¿con qué ideológica nos identificamos?

Pero sabemos qué es la izquierda o qué es la derecha, cuál es el origen de este calificativo social. Porqué un partido político se hace llamar con alguna de estas dos tendencias ideológicas, o bien, ubicarse en el centro de ambas.

Los orígenes

La historia nos lleva a finales del siglo XVIII, a la Francia revolucionaria después de la toma de La Bastilla e instalación de la primera asamblea constituyente en los albores de la república. En 1792 los diputados de La Gironda partido que abogaba en pro de una monarquía constitucional identificados con la “burguesía” se sentaban ocupando la derecha del parlamento y a la izquierda se ubicaban los de La Montaña, que a los pocos años se hicieron llamar “jacobinos”, que eran los del partido que apelaban al voto universal y a la deposición de la monarquía, reconocidos por defender los intereses de los campesinos y gente pobre.


En términos generales la derecha se distinguió por ideales que conservaban lo establecido y la izquierda por el pensamiento del cambio. De esta manera el calificativo de ambos brazos (izquierda o derecha), en razón política se acuñó a lo largo de la historia.

Cien años después las teorías Marxistas retomaron mucho de las ideas del socialismo utópico francés que promulgaban los “jacobinos”, por eso la identificación hoy en día del socialismo internacional con la izquierda. Y a su vez el liberalismo de Adam Smith se identifica con la derecha, pues las ideas funcionales estructuralista abogan por la burguesía y el poder financiero como motor del desarrollo y el bienestar social a base de generación de empleos, riqueza, las fuerzas del mercado y el rebalse.

Izquierda – Derecha y la doble vía

Hoy en día ya pasaron un poco más de 225 años de la toma de La Bastilla, y hasta mentira podría ser, pues el apelativo de izquierda o derecha en todo el mundo es diverso, se autodenominan: demócratas, social demócratas, socialistas, comunistas, laborales, nacionalistas, neo liberales, republicanos, maoístas, etcétera. Cada partido con su ideario y sus líderes con sus brazos alzados a la hora de expresarse entre sus militantes. 


En “teoría” podríamos decir que la derecha cree en el desarrollo y el bienestar común a través de la producción, y aunque no me lo crean la izquierda también, la única diferencia entre ambas es que el recurso más importante para la derecha es el financiero y para la izquierda el humano. A partir de ahí un partido es rojo, azul, naranja o verde.

En la “práctica” es difícil distinguir quién es quién, pues el respeto al trabajo o al capital es una delgada línea que cruzan las personas más por conveniencia que por ideología, es decir, políticos que se hacen llamar de izquierda y que se presentan sobre las tarimas vestidos de rojo y en el corazón estampada la figura del “Che Guevara”, pero resultan ser personas que en sus acciones del día a día valoran más el dinero que la dignidad del trabajador.  -Si no les gusta su trabajo que renuncien -dijo un vicepresidente de un partido de izquierda cuando un grupo de policías realizaba una protesta por mejora de condiciones laborales. 

Por otro lado hay empresarios que simpatizan con la derecha pero respetan el trabajo de sus empleados, consideran el salario de los trabajadores sagrado así como sus prestaciones. Ojala todos fueran así.

Conozco el caso de un reconocido activista que aboga por la justicia social, ex guerrillero y líder de opinión, que resulta no pagar a sus empleados las prestaciones de ley de su empresa-restaurante. Una vez llegué y pedí una cerveza en ese lugar, luego en confianza una mesera me contó los maltratos que el paladín de la justicia somete a su personal; no paga horas extras, no refleja en el salario las propinas que los clientes dan en concepto del 10 por ciento del consumo total, entre otras cosas.

La organización es un derecho laboral aceptado por los países más desarrollados; sin embargo, en El Salvador ya llevamos un segundo gobierno de “izquierda” y el Estado sigue comprando productos y servicios a empresas que no cumplen este estándar, ¿paradójico verdad? 

Países con gobiernos de “derecha” como Estados Unidos y muchos de Europa, por ley las empresas no pueden licitar si sus empleados no están sindicalizados; después nos preguntamos inocentes porqué hay mejores niveles de vida en esos países y no en los nuestros.


Por lo tanto, es una doble vía ser de izquierda o derecha. En realidad es lo de menos, lo que valen son las acciones más que la iconografía del personaje o partido.

De esta manera ante la discusión de quién es quién y el porqué de las políticas de determinado gobierno, recomiendo que mejor nos centremos en nuestra identidad ideológica, por qué votamos y por quién lo hacemos, a qué liderazgo seguimos o no. Si hacemos ese ejercicio estaremos limpiando de ruido y distracciones el mensaje de los políticos, pues sus asesores son expertos creando escenarios y discursillos rimbombantes como estrategia inequívoca de persuasión, de la cual somos presa.

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