7/3/18

La política y la planta que pierde


La política y la planta que pierde

Toda tradición oral tiene una razón de ser, la antropología nos dice que las leyendas, fabulas y mitos provienen de enseñanzas antiguas que se transmiten por generaciones a través de historias fantásticas que se cuentan de boca en boca.

Son metáforas que llevan saberes intrínsecos, por ejemplo “la siguanaba” quien es la bruja que hace el mal a los hombres acosadores de mujeres indefensas en los caminos, el mito advierte a esos malhechores para que tengan respeto de las féminas en las sendas. De igual forma el cadejo negro que protege al hombre de bien, pero ataca al malvado y facineroso.

Así fue, que al andar como montañista oí más de alguna vez el mito de la planta que al pisarla se pierde el caminante, por muy sagaz que sea la persona, por muy raudo que se crea, siempre el extravío es inminente al patear estas hojas.

En una ocasión un guía local me mostró en una vereda que conducía a la cima del Cerro El Pital la famosa planta y vi por primera vez sus flores lilas con sus hojas angulosas. Sin embargo, como era joven e irreverente no prestaba importancia a lo me decían, me indicó como romper el hechizo.

Así pasaron los años hasta que una vez estuve perdido por un día y medio en esa misma zona, en una de las tantas veces que cruzaba la sierra mayor de Chalatenango, bien recuerdo que en un corto trecho pasaba y pasaba por el mismo lugar dando vuelta en círculo sin entender cómo. Entonces fue que recordé lo que me había enseñado aquel guardaparque hace más de veinte años, y repetí unas palabras que apenas recordaba, entonces de presto a los pocos minutos por fin salí del bosque nebuloso.

Después de tal experiencia me entró curiosidad por saber más al respecto y fue que investigué y me di cuenta que esa planta es muy real y conocida en la vida rural, le llaman “El Ajillo” y es un tipo de bejuco mágico que los chamanes y hierberos saben identificar bien.


Comprendí que en el andar de la vida todos en mas de alguna ocasión pateamos “El Ajillo” la planta que pierde, supe que el truco no radica en intentar buscar la salida, sino mas bien, en romper el embrujo de este bejuco mágico que aturde los sentidos.

Les cuento esta historia porque sé que así como las personas también los pueblos pisan (figurativamente) la planta que pierde y hace que la gente de vuelta y vuelta en las mismas charadas, en los mismo conflictos anacrónicos, en las tonteras de siempre, en vez de romper de una vez por todas las malicias, egoísmos y desatinos que nos ronronean los sentidos; son esos dogmas o topes culturales que tanto daño nos hacen para encontrar de una vez por todas el camino del desarrollo, que es simple de ver, pero no lo podemos recorrer.





No hay comentarios:

Publicar un comentario