18/8/19

Punto de Fuga

Punto de Fuga
Una prosa bien versada

Llegó a mis manos un escrito fantástico de palabras dulces y musicales. Una historia que se lee fugaz en esa relación mágica del día a día, de la cotidianidad simple del ser sublime.

El “Punto de Fuga” de Alicia Digón (mi amiga argentina) nos lleva entre parpadeos a realidades paralelas, unas amables y cosmopolitas, pero otras irreverentes y exóticas, trastocadas quizá por una pluma diletante.

El uso de la simbología por medio de los personajes, objetos y tiempos, sus determinaciones y calificaciones, en su conjunto le da al libro una fuerza contundente a través del argumento, haciendo de la metáfora un bocado exquisito hecho lectura.

Les comparto este retazo de tan excelso uso de la palabra:

La vida es sueño
No se regresa del sueño de la noche ni de los pájaros.
No. Ni siquiera de una tarde de sol imaginando el mar entre los huecos que hace la música con el aire de la casuarina de enfrente. No se regresa no ni de los sollozos ni de las notas de un piano ni de los acordes adheridos al presentimiento. Tampoco de las lluvias ni del desamor. No del abrupto despertar de medianoche. Habla la Brasuca de ángeles desnudos que vienen a morder el alma en la sombra de otra sombra. Un cuerpo sueño de otro sueño en la vigilia este manantial de víboras rondando huyendo siempre a la misma hora agazapadas ahí no las encuentro pero en mí reptan y beben. No se van nunca.
Ni siquiera en esta vigilia expectante del día digo lo que digo lloro lo que lloro sueño que soy un sueño que vivo y muero que muero en cada pulsación de esos espejos.


A lo largo de la narración, o mejor dicho, a cada página encuentro puntos de fuga hacia espacios del imaginario, en el plano etéreo y al mismo tiempo en la realidad que vivimos, en la exploración íntima de los claros, pero a la vez, oscuros pasajes de la existencia misma.

El libro de Alicia Digón nos hace comprender que el vertiginoso suspiro de la felicidad irredenta va acompañado de la angustia, del amor, de la pasión y de la embriaguez tenue de un tinto afrutado.

En fin, no me queda más que felicitarte mi estimada amiga, esperando pronto poder leer más de ti, bajo la sombra de la sombra, meciéndome suave en mi hamaca al compas del viento tropical, leyendo sobre tus pasajes indiscretos, riéndome de las letanías entretenidas de otro Archiduque, de la Brasuca, o bien, de la Señora del Agujero.



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