14/10/21

De los caudillos revolucionarios

De los caudillos revolucionarios

Del anecdotario del cual puedo echar mano, o más bien dicho, del cual siempre puedo meterle pluma, están las inagotables pláticas que sostengo con don Yo, es decir, esas charlas que son cada vez más frecuentes y fluidas conmigo mismo.

Imagínense… les traigo en esta ocasión la vez que hablé con el iconoclasta que soy, y que suelo llevar a escondidas en la cohibida y esquiva forma de ser. Y lo hago así no por tímido, sino, para evitar discusiones trasnochadas con aquellos que necesitan inefables creer en algo, en especial si ese algo es personificado en la figura de alguien, el caudillo.

Para ser claros, esta entrevista es con don Yo y trata sobre la figura del revolucionario incansable, el que dio la vida por la causa, y por supuesto, no sin antes llevarse consigo la vida de unos cuantos miles también, hablamos entonces de ese líder admirado con el que se identifican las añoranzas de cada quien.

–Hola don Yo, ¿tiene tiempo para contestarme algunas preguntas?

–Ni modo, si usted habla más que un perico, no tengo opción.

–No diga eso, sin usted fuera un maitro aburrido cascarrabias.

–Pregunte pues…

–He notado don Yo que usted siempre ha sido un poco izquierdoso y desde hace tiempo le he querido preguntar ¿Qué piensa de la figura de Fidel Castro?

–(Suspiro) Que fue un asesino, un autócrata prepotente, un líder que prefirió fusilar o privar de libertad a quien le contradijera una coma, en vez de intentar razonar con él, o ella.

Guardando un profundo silencio antes de siguiente pregunta, repliqué: –Si le escucharan muchos de sus amigos dirían que usted es un traidor.

–Verá, es que ningún líder que se haga llamar revolucionario, es decir, que defiende a la gente pobre tendría que sembrar el terror a su mismo pueblo, cuando eso sucede la historia los juzga mal y las cosas terminan descarrilándose, presos políticos, éxodos masivos, entre tantas cosas, si no me cree vaya a los libros y lea lo que le pasó al “incorruptible” de Maximilien Robespierre, en la revolución francesa, el primero de todos esos caudillos.

–Entonces por lo que supongo, ¿usted no es “chavista”?

–¿Chavismo?, lo dice como si fuera una corriente ideológica, nooombre… eso es una cleptocracia.

–¿Cleptocracia?

–Sí, cuando el poder o el sistema político está en manos de ladrones; jueces, diputados, ministros y presidentes corruptos, me entiende…

–Ah… ahora sí.

–Es que ustedes los periodistas no les gusta leer, no entiendo cómo se las llevan de informadores cuando no tienen ese hábito de la lectura.

–Ya va usted criticando profesión, solo porque se las lleva de escritor. Mejor sígame contando, por lo que entiendo usted no cree en esos personajes de la historia que representan el idealismo, la utopía, el referente revolucionario, transformador y todo eso.

–No.

–¿Por qué don Yo?

–Ya se lo dije, yo soy de la convicción que las ideas se combaten con ideas, no con balas o bombas, no con cárcel o con torturas, no con acoso institucional ni bullyng. Cuando un líder o caudillo hace uso de estos recursos es porque su revolución se quedó sin ideas, no hay nuevas ideas, y llegamos a más de lo mismo, es una rueda de caballitos.

–Explíqueme, pero no se enoje por “ignorancia”, no me ningunee por favor.

 –Okey, okey… lo que le trato de decir es que hay ciclos en los sistemas políticos de los países, que van desde plutocracias, cleptocracias y autocracias, pasando por oligarquías, dictaduras y mafias. Dependiendo de los factores de cada país así será el orden y la durabilidad de estos periodos.

–Y en todo esto, ¿dónde queda la democracia y el imperio de la ley?

–En la utopía.

–¿Tan mal son las cosas para usted don Yo?

–No es para tanto, la utopía es la razón que motiva al ciudadano común y corriente, y sin ésta no se movería la economía, no hubiera ideales tampoco, no hubiera arte y mucho menos literatura.

–Es complicado usted don Yo, es difícil entenderlo para .

–Claro, si a usted no le gusta leer todo eso lo encontrará enmarañado.

–Usted me imagino que ha leído las biografías de la mayoría de los caudillos revolucionarios.

–Sí.

–Dígame en cortas palabras, ¿qué piensa de los siguientes nombres que le voy a mencionar?

–Veamos cuáles son.

–¿Abimael Guzmán?

–Bueno, que fundó Sendero Luminoso en Perú y que mandó a ejecutar a una cantidad descomedida de campesinos e instauró el terror en la ciudad de Lima a puros bombazos, mató a cantidades de gente inocente, y todo por “la causa”.

–¿Pedro Antonio Marín?

–¿Me está preguntado por Manuel Marulanda, Tirofijo, el caudillo de las FARC?

–Sí.

–Jajajajaja… Ese mismo que por la causa revolucionaria se hizo narcotraficante y secuestrador… nooombre… hágame preguntas serias.

–¿Ernesto “Che” Guevara?

–Un argentino aventurero que se le acabó la suerte en Bolivia.

–¿Pancho Villa?

–El Centauro del Norte. El destino lo llevó a ser un forajido, lo que lo convirtió en un matarife, un bandolero, y cuando le dejó de ser útil a los poderes fácticos se lo quebraron.

–¿Emiliano Zapata?

–Es el más rescatable de todos los que me ha mencionado.

–¿Porqué?

–Porque nunca perdió la dirección de sus ideales, siempre luchó y murió creyendo que la tenencia de las tierras era el principio de la injusticia campesina, rechazó tajante el poder y, como decía, “no le gustaba caminar en banquetas”, él era un hombre humilde del campo; sin embargo, se terminó acostumbrando a pedir disculpas en vez de pedir permiso, es decir, primero disparaba y después veía quién era el muerto.

–¿Daniel Ortega?

–Ese es todo en uno; cleptómano, narcotraficante, asesino y dictador a la vez.

–¿Nayib Bukele?

–Eso ya se lo contesté entre líneas a un principio.

–Y hablando de árabes que piensa de ¿Muamar el Gadafi?

él es el espejo del clásico líder revolucionario.

–¿Porqué?

–Fue un beduino del desierto, pobre, llegó al poder en Libia sin disparar una sola bala, era tanto el desfalco de la monarquía en ese entonces que todos estuvieron de acuerdo que fuera él el caudillo. Luego hizo grandes obras, hasta creó ríos en el Sahara para el abastecimiento de agua a las ciudades, pero a la vez fue un líder perturbado financista de terroristas a nivel mundial, por otro lado, ayudó para bien a Nelson Mandela el emancipador de Sudáfrica.

–Leyó usted el “Libro Verde”, el que él escribió.

–Sí.

–¿Y…?

–Solo el principio es interesante, donde habla de una democracia calificada formada por sectores sociales, lo demás es pura demagogia, y tal como su gobierno lo fue, el “Libro Verde” es un tanto deschavetado.

–¿Kim Jong-un de Corea del Norte?

–Lo peor de lo peor, nada bueno puede salir de una monarquía revolucionaria absoluta.

–¿Pol Pot?

–Un asesino e ignorante a la vez, chato de ideas para el desarrollo de Camboya.

–¿Iósif Stalin?

–El asesino con mayor poder en la historia humana.

–¿León Trotsky?

–Otro matarife, el creador del ejército rojo, con la diferencia que éste perdió el duelo contra Stalin.

–¿Por qué cree que sucedió eso don Yo?, siempre me hice esa pregunta.

–Sencillo, uno era judío y el otro cosaco, haga usted las cuentas de lo que pasaría con esa ecuación en la estepa rusa… y ahí tiene el resultado.

–¿Evo Morales?

–Buen presidente, pero por meterse a ser narcotraficante y querer tapar eso, fue cayendo en las garras del autoritarismo y la corrupción.

–¿Pero… cree usted en algún líder revolucionario?

–Sí.

–Mencióneme uno.

–El Mahatma Gandhi.

–Eso es discutible, él no fue revolucionario.

–Claro que sí, transformó todo un país de sopetón, promovió la independencia de la India, y no solo fue un referente de paz para el nuevo gobierno hindú, sino, para el mundo entero también; y todo sin matar, sin disparar, sin ofender, sin trolear a nadie.

–¿Otro?

–Nelson Mandela.

–¿Y de Latinoamérica me podría mencionar alguno?

–Sí, Pepe Mujica de Uruguay, un revolucionario decente.

–¿Y cuál sería la diferencia de él, al resto de los que hemos hablado?

–Su humanismo, él demostró con hechos la capacidad que tuvo como líder de no querer hacerle daño a nadie. Por eso es que no fue ladrón, no fue narcotraficante y tampoco un asesino, nadie lo persigue.

–Para usted no debería existir el caudillismo revolucionario.

–Claro que sí.

–¿Porqué?

–Porque si no se quedaran sin trabajo un montón de cantoras y trovadores, imagínese… ¿Qué sería la vida sin coplas como “La Cucaracha”, “Hasta Siempre Comandante” o “Playa Girón”? Si no hubiera existido Joaquín Murrieta no conoceríamos la leyenda del Zorro.

–Está hablando en serio o me está viendo la cara de maje a .

–Las dos cosas.

–Nooombre don Yo… hablando en serio, ¿usted cree que puede haber una revolución sin caudillos?

–Sí.

–Deme un ejemplo.

–Los países escandinavos con sus Estados de bienestar.

–¿Y en Latinoamérica?

–Hay una en proceso ahorita.

–¿Cuál?

–Chile. Esperamos que termine bien, aun no se sabe.

–¿Por qué tiene ese concepto de los caudillos revolucionarios?

–Mire, todos los caudillos llámese revolucionarios o conservadores tienen un común denominador; son astutos políticos, histriónicos, pero sobre todo no sienten el dolor ni las angustias ajenas, tienen indiferencia al llanto y al dolor de las madres por sus hijos muertos.

–Explíqueme con más detalle por favor, porque lo que afirma es delicado, muchas personas se sienten ofendidas cuando hablan mal de sus íconos.

–Más no se puede explicar en una entrevista como esta, tendría que hablarle al detalle de ejemplos concreto como la Causa de los Cuadernos de Argentina o, del caso de Odebrecht en Brasil, del porqué ambos gobiernos de izquierda permitieron esos altísimos niveles de corrupción, o bien, de la forma de gobernar autoritaria de la República Popular China en el último medio siglo.

–Entonces cómo podemos darle mayor sustento a lo que dice, cómo hacemos para desenmascarar a tanto corrupto, dictador y asesino  –quedándose todo en silencio ante la disyuntiva y, al final termino apuntalándole a don Yo–  ¿Qué me recomienda?

–Hágase escritor.

Nota: Hacemos uso de esta técnica con meros fines didácticos no fundamentales, es decir, no pretendemos (entre yo y mi) convencer a nadie de su ser o no ser.

Siguiente diálogo: De los caudillos conservadores

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19/9/21

El monstruo bueno y el monstruo malo

El monstruo bueno y el monstruo malo

Estos eran un par de gigantones que andaban siempre en camada peleándose y ultrajándose entre sí, primero aparecía uno haciendo averías, comiéndose a las cabras de los colonos, aplastando de un pisotón a las gallinas y los patos, pateando a los cuches, descabezando de tajo a las vacas, botando los ranchos a puros manotazos.

Al advertir eso la gente salía huyendo en desparpajo, porque sabían de antemano que el asunto no terminaría ahí. Al poco rato, aparecía de la nada su gemelo para tratar de detenerlo, pero como no se dejaba se armaba la de san quintín pescoceándose uno a otro en una pelea fratricida de grandes proporciones por ser ambos gigantones.

Destruían las fachadas de los ayuntamientos, botaban los campanarios de los templos, hacían caer de las alturas los silos y los tanques de agua, desfollonando sus bases a puros trancazos. Las casas comunales quedaban en ruinas, también descuajaban de raíz los conacastes de las plazas, quemaban los cascos de las haciendas y, hacían añicos las carretas y los carruajes también.

En última instancia terminaban aterrorizando a cualquiera que se les atravesara, hasta los bravos chuchos finqueros huían despavoridos mientras aullaban con la cola entre sus patas, y así andaban día a día, de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, de villa en villa, sembrando el miedo por doquier.

Las viejecitas que eran más agudas en su sentir y pensar escuchaban el retumbar de la tierra cuando se acercaban, advirtiendo que pronto tendrían que lidiar con el monstruo bueno y con el monstruo malo, indicando a la lozanía y a las nuevas generaciones que fuesen cautos con este par de malandros, pues la mascarada de uno y otro era confundidora.

No obstante, a donde llegaran era la misma historia de siempre, dejaban muertos de a montón, destrucción y desconcierto; sin embargo, había quienes tomaban partido y se armaban de valor, uniéndose al bueno para pelear contra al malo, pero de la misma forma había otros que creían que el malo era el bueno porque éste atacaba a los malos mayorales que en tiempos normales azotaban a los pobres colonos. Al final, quedaban al atardecer la tendalada de cuerpos sin vida de las gentes, que participaban en semejantes asaltos.

En una ocasión ya caída la noche los dos gigantones gemelos se carcajeaban al unísono en jolgorio, mientras asaban en una gran fogata a sus víctimas ensartándolas una tras otra en grandes pinchos, cuando estaban ya justo bien quemados y tostaditos los tragaban; en una de esas le dijo uno al otro:

―Mirá compadre, esta es la vieja gorda de pelo colocho que te defendía a capa y espada, ¿qué hago con ella… te la comes vos o yo?  ―y mientras se rascaba la nalga derecha y se carcajeaba el otro gigantón de manera jayana le exclamó: ―Por supuesto que yo, no veías como pataleaba cuando la ensartabas para asarla, ¡esta vieja puta es mía!  ―gritó al final mientras le arrebataba el pedazo de carne amorfo, para llevárselo de un solo a la boca dándole un gran mordisco crujiente y engulléndola de un solo bocado.

Así de esa manera pasaban todas las noches rifándose a sus víctimas, en sendas risotadas al compás de sonoros ventosos que se les salían producto de las hartadas que se daban. 

Entonces antes de dormirse jugaron a los dados para designarse al día siguiente quién de los dos sería el bueno o el malo en la siguiente comarca, pues daba igual ya que ambos eran casi idénticos, lo único que les diferenciaba en realidad era que el bueno meneaba su cola de arriba hacia abajo y el malo la andoneaba en círculos concéntricos. 

En conclusión, era lo mismo pues para unos había un gigantón bueno y, viceversa, para otros su hermano era el malo.

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15/9/21

Bicentenario, 200 años de historia

200 años de historia

San Salvador, 15 de septiembre de 2021.

Hace doscientos años se firmó en la ciudad de Guatemala un acta que confirmaba que las provincias del istmo centroamericano se independizaban del Reyno de España, después de tres siglos de ocupación.

Hace doscientos años no se sabía si seríamos parte de México, o nos aglutinaríamos como una sola nación.

Acta de independencia de 1821

Aún era incierto nuestro destino, desconocíamos si seríamos una república federal o una monarquía constitucional. Doscientos años después, como vemos, no terminaríamos siendo ni lo uno ni lo otro.

Cualquier cosa pudimos ser, tal vez un país con tres canales interoceánicos, con una de las mejores ofertas turísticas del mundo, un país de la gente hospitalaria y multicultural, cosmopolita, educada y desarrollada.

No obstante, lo que al final se decantó en los rieles de la historia fue que las provincias del istmo se atomizaron, y terminamos siendo un puñado de ínsulas bananeras, ni republicanas ni monárquicas, ni liberales ni conservadoras, sino más bien, un hibrido macabro, una maraña de cleptocracias que llevan al ciudadano, a las personas por senderos de pobreza, de violencia, de negarle a la gente sus elementos esenciales de vida, por la vía de la corrupción, la economía amoral, leyes antiéticas y comercio injusto, en fin… hacia la ruta del éxodo a gran escala.

Doscientos años de “independencia” deberían decirnos algo, pero la realidad nos golpea cuando asumimos que somos en verdad narco Estados, un agujero más del mercado negro global.

La independencia debería marcar un cambio, pero en esencia nunca lo hubo, durante la ocupación española nos acostumbraron a ver como normal la esclavitud, la encomienda, el mercado de piezas, la santa inquisición y el feudalismo.

En la actualidad las pequeñas repúblicas no se quedan atrás, vemos con naturalidad que el narcotráfico corrompe al Estado, y que la pobreza se institucionaliza, el latifundio se hace corporativo y el colono es el consumidor perfecto.

Sin embargo, nos gusten o no los doscientos años de “independencia” marcan un periodo determinado de la historia, un doble renglón de nuestro pasado, pero ojo, es nada más eso, un segmento que comprende los últimos dos siglos nada más, es decir, no lo es todo y, no es el fin de la historia.

Por lo tanto, henos aquí en el año 2021 figurándonos el futuro, ¿qué haremos?, ¿será este un momento pendular para dar un giro a la historia?, o simplemente seguirán en sus mismas causes las aguas y las cosas.

Cuando a uno le toca escribir un artículo como este y hacer una reflexión del bicentenario… Lo que menos aspira uno es parecer un gurú, o un oráculo mediático, un influencer, peor aún, un “generador de contenido”.

El objeto de compartir este escrito es simple, es nada más clarificar la mutua interrogante que me une contigo mi estimada conversa, que consiste en querer conocer lo que no se sabe, la historia que nos ocultan, la necesidad de darnos el tiempo de leer y comprender lo que dicen las letras pequeñas del contrato, lo que siempre nos negaron e intentan con ahínco hacernos creer que nunca tuvimos: Educación, identidad y cultura.

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31/8/21

La cripto identidad sefardí

La cripto identidad sefardí

“Entonces el señor llevó afuera a Abram y le dijo: Mira bien el cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas. Y le dijo: Así será el número de tu descendencia”.

Génesis 15:5

Este no es un escrito de catecismo, nada más evoco estas palabras de la antigüedad como parte de la identidad de lo que quizá seamos. Digo “quizás” porque la diáspora sefardí es un pasaje de una historia enterrada de nosotros mismos, salvadoreños, centroamericanos, mexicanos y casi toda Latinoamérica en general.

¿Cómo es posible? Bueno, es una larga historia. Tan larga que se remonta a mil años antes del Cristo de Nazareth cuando se asentaban los comerciantes fenicios en la península ibérica, junto a ellos iban sus contadores, escribas y cartógrafos, los hebreos.

Con el pasar de los siglos los romanos expulsaron a los fenicios (cartagineses), luego los visigodos a los romanos y después los árabes a los a los visigodos, pero a los pocos años los castellanos y aragoneses reconquistaron España y expulsaran a los moriscos, pero hubo entonces un hito que cambió a diferencia de las invasiones anteriores, fue que los nuevos amos iberos decidieron exiliar al pueblo hebreo que vivía en la península desde hace 2,500 años atrás, a esta gente se les conoce como “sefardíes”.

Los sefardíes siempre convivieron con los poderes ocupantes, gobernadores, reyes, emires, califas, más no lo pudieron hacerlo a la llegada de los reyes católicos, Isabel y Fernando, quienes decretaron en 1492 la salida forzada del pueblo sefardí de España, a lo que se conoce como “la diáspora sefardita”.

A los que les parezca familiar el año de 1492 es porque fue justo ese el año que Cristóbal Colón encontró la ruta marítima a América.

Que fuese casualidad, o no, que ese año marcara el inicio de la diáspora sefardita es tema que se lo dejamos a los historiadores, lo que sí es de suponer es que muchos de estas personas terminaran en suelos americanos, a pesar de la prohibición manifiesta de las mismas autoridades reales.

Los sefardíes que decidían viajar a tierras americanas lo hacían a sabiendas de que podían ser aprehendidos, en especial por la iglesia católica, que ejercía su poder de manera más férrea en las principales ciudades coloniales, o mas bien dicho en las urbes mas pobladas durante la ocupación española; México, Santiago, Guatemala, Cartagena, Lima.

No obstante, había provincias donde las ordenes católicas (dominicos, jesuitas) a cargo de ejecutar el santo oficio de la inquisición les era más difícil ejercer su poder, entre ellas: Venezuela, Bolivia o San Salvador, entre muchas.

Estos sefardíes ocultaron a la luz pública sus tradiciones durante siglos por terror a ser quemados, dejaron de asistir a sus sinagogas y muchos enterraron sus libros sagrados como la torá. Hubo familias que sí llevaron sus tradiciones en forma rigurosa, escondiéndose y en secreto, pero la mayoría poco a poco las fueron perdiendo a través del paso de las generaciones.

El otro día revisando los apellides de origen sefardí me llevo la sorpresa que mis dos apellidos figuraban en esa lista, así como la mitad de los de mis compañeros de estudio y vecinos también.

Listado de apellidos de origen sefardí

Hace una semana fui a hacer la limpieza a la casa de mi abuela materna que está ya muy viejecita, vive en la ciudad periférica de Apopa acá en San Salvador (por cierto, me encanta como cocina) y, mientras regaba el limonero del arriate veía de reojo como ella afanosa encendía una vela, para luego rezar frente a una imagen de Santa Marta, sé que lo hace siempre los días viernes porque así contaba que lo hacía su madre también; luego contemplando la escena escuché a lo lejos la predica de un pastor, vociferando un versículo de la biblia que mentaba la promesa que Dios le hizo al patriarca Abraham hace miles de años... Cerré un poco los ojos, agudice mis sentidos y hasta entonces reflexioné sobre cuánto hemos enterrado de nuestra identidad sin que lo sospechemos.

Artículos anteriores: La identidad mesoamericana  La tercera raíz, la identidad africana

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