15/5/16

Voto en el exterior (Primera entrega)

Este es un buen momento para abordar el tema, pues no estamos en un periodo electoral, por lo tanto, el análisis está fuera del ruido de la propaganda proselitista.

(Primera entrega)

Todas las personas sabemos de la peculiar historia de la diáspora salvadoreña. En los últimos 50 años llegamos a tener una tercera parte de nuestra población en el exterior, un fenómeno comparable a los grandes éxodos de la historia humana.

Más de 2.5 millones viven fuera del territorio según datos proporcionados por la misma Cancillería de la República (aun que la fuente aclara que la cifra es imprecisa por la naturaleza de la forma migratoria).

Teniendo en cuenta que nuestra ley admite que el estatus de ciudadano salvadoreño no se pierde al adoptar otra ciudadanía, es por consiguiente un derecho constitucional el sufragio electoral en el exterior. Por lo tanto lo que procede ahora es regular y financiar un método de voto a distancia.

Desde hace mas de 20 años se planteó el voto en exterior como un derecho ciudadano a un pueblo en diáspora, que aporta en concepto de remesas gran parte de la liquidez de la economía salvadoreña (más de 2 mil millones de dólares al año, equivalente al 14 % del PIB). (1)

Después de una intensa campaña a nivel diplomático y civil, las organizaciones en el exterior como Salvadoreños en el Mundo y ONG´s como la ISD (Iniciativa Social para la Democracia), logran finalmente tener el compromiso real del ex presidente Mauricio Funes para hacer realidad el voto en el exterior. (2)

Fue de esa manera que el órgano Ejecutivo presentó la propuesta de ley a la Asamblea Legislativa y el 24 de enero de 2012 se aprobó por unanimidad una ley que norma tal derecho (3)

Para muchos fue una victoria a medias por que quienes viven en el exterior solo pueden votar para las elecciones presidenciales, no pueden elegir alcaldes ni concejos municipales, tampoco tener una representación en el parlamento. Aun que sí sean parte importante de la salvadoreñidad, de la cultura y de la economía; sin embargo, limitan su participación política por una falsa lectura jurídica.

Pero la queja ciudadana más significativa es la siguiente: El voto en exterior después de todo no es accesible para la diáspora por diferentes razones que trataremos en este reportaje.

Veamos a continuación el contexto:

Elecciones 2014 
Fueron los primeros comicios donde participaron los que viven en el exterior, teniendo una mínima afluencia; bueno, quizá es mejor calificarla como una micro elección, pues emitieron el sufragio sólo el 0.1 % de la población, es decir, de 2.5 millones de salvadoreños en el exterior votaron 2,727 en la primera vuelta y 2,706 en la segunda, según datos del TSE (Tribunal Supremo Electoral).

Resultados electorales primera vuelta del 2 de febrero de 2014 y votos obtenidos por partido político. Fuente TSE


Resultados electorales segunda vuelta del 9 de marzo de 2014 y votos obtenidos por partido político. Fuente TSE

Sin embargo, hay que reconocer que el primer paso está dado y eso es positivo desde cualquier punto de vista, aunque por respeto a la diáspora debemos procurar que las comunidades en el exterior tengan mayor participación en la vida política del país.

La diáspora en la política nacional

El aporte de los salvadoreños que viven en todo el mundo va más allá de una remesa que giran a sus familiares, y que en última instancia ayudan a mejorar el nivel de vida de los que estamos en el territorio. (Ver La verdadera remesa)

La contribución política de la diáspora es un elemento que quizá no alcanzamos ver, pero sin duda revolucionaría la forma de hacer política en el país, la cualificaría, imagínense ustedes: debates públicos obligatorios de los candidatos, democracia interna en los partidos, ética y respeto en la comunicación política, entre otras cosas que adolecemos.

Por eso necesitamos la incorporación de los salvadoreños del mundo en la política nacional, es algo que requerimos los que vivimos en el territorio y sería el paso de madurez que El Salvador precisa para consolidar la democracia y tener un provecho positivo del triste fenómeno de la migración.
  
El proceso

El voto en el exterior, o bien, voto a distancia es una modalidad que muchos países poseen, habiendo diferentes procesos para hacerlo, como: el voto consular cuando los consulados o embajadas sirven como centro electoral y ahí se montan las JRVEX (junta receptora de voto en el exterior).

Otra modalidad es el voto electrónico, es decir, votar a través de correos electrónicos o SMS (sistema de mensajes cortos), esta modalidad la tienen países como: EEUU, Francia, Reino Unido, Suiza, Estonia.

Otra manera conocida es el voto por poder, es cuando el votante en el exterior extiende un documento donde designa a otra persona para que marque la papeleta por él, o ella en caso de las mujeres.

La forma que fue seleccionada finalmente por la legislación salvadoreña fue el modo de voto por correo postal o también llamado epistolar, que es cuando el ciudadano en el exterior solicita que se le emita una papeleta y luego el TSE se la hace llegar a través del servicio postal oficial a su residencia, después de señalar al candidato o partido de simpatía el votante reenvía la papeleta.

Posteriormente se instalan las JRVEX en el territorio nacional para recibir los sufragios marcados y finalmente se procesen.

Requisitos para el voto en el exterior. Fuente TSE.

Cómo fue el proceso de votación en el 2014. Fuente TSE.

Cómo se contaron los votos de los salvadoreños en el exterior. Fuente TSE.


El TSE tiene un nuevo reto en pro del desarrollo

A pesar de las críticas el TSE ha demostrado ser una institución eficiente, que después de la firma de los acuerdos de paz cumplió su rol en función de la transparencia y de la paz civil, que después de todo gozamos.

Prueba de ello es que no hemos vivido otra guerra interna a partir de irrespetar la voluntad popular, como lo vivimos en la década de los 70, cuando los fraudes electorales caldearon la insurrección armada en el país. Ahora vivimos otro tipo de violencia pero no es a partir de los timos en las urnas.

Aun cuando el TSE está en la primera línea de acción ante el voto en el exterior, la responsabilidad es de todas las personas: El Estado, la sociedad civil, medios de comunicación, y en especial, las organizaciones de salvadoreños en el mundo juegan un papel decisivo .

El Estado debe de asignar fondos y que estos sean emitidos a tiempo y en forma oportuna, además tomar mayor eficiencia interinstitucional al respecto, en otras palabras los consulados deben tener mayor comunicación con los salvadoreños en el exterior y el sistema de correos debe de ser eficaz, así como diligentes para que los salvadoreños se les facilite la obtención de su DUI.

La sociedad civil debe de tomar conciencia de lo importante que es el voto en el exterior, las ONG´s deben fomentar la difusión del proceso, pero más aun hacer la presión necesaria para que la clase política promulgue una mejor legislación para el voto a distancia.

Es de todos conocido que los diputados piensan en su capital primero antes de erogar nuevas leyes, teniendo en cuenta que dicho capital son los votos, y esta ley en particular del sufragio en el exterior toca en forma precisa el asunto; es por eso que el camino no es fácil, es por eso que no es de extrañarse que hayan pasado más de 20 años en permitir que los salvadoreños en el exterior pudiesen expresarse en urnas.

Las elecciones de 2014 se definieron por un poco mas de 6 mil 500 votos, y por lógica nos hace reflexionar que los salvadoreños en el exterior tarde o temprano podrán hacer la diferencia en la balanza, teniendo en cuenta la alta tasa del fenómeno migratorio.

Los medios de comunicación y las redes sociales deberán ser el catalizador que anime, concientice y facilite el proceso educativo de las elecciones a distancia, pues la cifra es millonaria de potenciales votantes.

Además lo disperso que estamos alrededor del mundo hace de la tarea sea titánica para el TSE, por lo tanto, el papel de los medios de comunicación es importante.

La comunidad de salvadoreños en el exterior, o bien, las organizaciones no gubernamentales son las que podrían darle al votante la confianza para animarse a ejercer el sufragio, le generan hasta cierto punto la intimidad necesaria para fiarse en un sistema en el cual nunca creyeron y que abandonaron (el salvadoreño), y en forma especial rehuyen de cualquier sistema de rastreo que el país de residencia ejerza sobre el indocumentado, incluyendo la dirección de su casa.

¿Por qué afirmamos esto último?  Muchos salvadoreños no gozan de un estatus legal en Estados Unidos o Europa, por lo tanto la forma de voto postal delata el lugar de residencia del indocumentado, o peor aún, del refugiado (no político pero sí) del crimen organizado.

Por lo tanto, una de las interrogantes obligatorias que tenemos al TSE es:
Al consultar a diferentes fuentes de la comunidad de salvadoreños en el exterior nos dicen que encuentra muy engorroso el proceso y poco práctico, por las condiciones que vive el salvadoreño en diáspora, por eso preguntamos, ¿Tendremos otros métodos además del postal para captar votos en las elecciones de 2019?

Para la siguiente entrega estaremos recogiendo las opiniones de quienes viven en el exterior para publicar lo que piensan sobre el método de voto a distancia, así que puedes hacerla llegar a través del Facebook Max Herrador o por correo electrónico: maxherrador@gmail.com   Así de esa mantera recogeremos la posición de las diferentes comunidades de salvadoreños en el exterior.

¿Están trabajando actualmente las organizaciones en el exterior con el TSE o con otra organización para mejorar el método de voto en el exterior?

¿Pretende la comunidad en el exterior formar su propio partido?

Todas estas interrogantes y opiniones las publicaremos en la siguiente entrega. 


Fuentes:
1- Voto de los salvadoreños en el exterior. Rafael Ernesto Gochez.
2- Proceso del voto de los salvadoreños en el exterior. Ramón Villalta y Jorge Urbina.
4- Memoria especial elecciones 2014. Tribunal Supremo electoral.





10/5/16

Malasia, la semblanza de un personaje

Hacemos a continuación la semblanza del personaje emblemático de la novela Ojo de Venado, quien fue miembro de las estructuras conocidas como “los escuadrones de la muerte” durante el conflicto civil salvadoreño, la narración está basada en testimonios de la vida real, en personas que han vivido en carne propia estos oscuros pasajes de la historia.

Malasia

Son pocas personas que conocen esos episodios tristes que hablan de mercenarios de diferentes nacionalidades que arribaron a El Salvador durante la década de los 80. Su objetivo no era necesariamente luchar en la guerra civil que acontecía, más bien, entrenar a los miembros de la fuerza armada o soldados del ejército regular.

En la novela “Ojo de Venado” el personaje principal es un soldado que fue adiestrado en contra-insurgencia por uno de estos mercenarios a sueldo, esos mismos que los organismos de inteligencia estadounidense y salvadoreños contrataban para contrarrestar el agudo ataque que el entonces incipiente FMLN ejercía en El Salvador.

A lo largo de la narración nunca se sabe a ciencia cierta el nombre de este mercenario pero si se devela su origen, era de Malasia, precisamente como muchos otros países donde los largos tentáculos de la guerra fría habían llegado.

De la misma forma que el caso centroamericano se tergiversó, así otros conflictos en todo el mundo. Se sabe que había mercenarios que llegaban de Taiwán e Israel, entre otros. 

Para el caso salvadoreño y en especial para desarrollar nuestro personaje en la novela, el aprendiz local era un recluta de poca monta que logró ser muy aplicado y diestro como su maestro oriental; entonces fue conocido por todo el gremio castrense como “Malasia”, como el país de origen de su mentor, después de todo los seudónimos e indicativos eran populares en esa época.



En la trama, “Malasia” era el apodo de ese recluta que escaló rápidamente hasta llegar a ser un soldado especial de un célebre batallón élite, su nombre es Carlos Solórzano y nació a finales de la década de los 60 en un caserío llamado: “Los Solórzano” (nombre sustituido), pues toda su familia y parientes cercanos allí vivían, al pie del volcán San Vicente, en el departamento con el mismo nombre.

Anales del personaje

Carlos Solórzano nació días antes que estallara la guerra entre Honduras y El Salvador, la famosa guerra del fútbol en 1969, aun hoy en día ese conflicto despierta curiosidad para los extraños, pues es difícil creer que dos países hayan iniciado una guerra por un resultado entre sus selecciones de balón pie; sin embargo, esa es otra historia que en su momento debemos contar.

Lo cierto es que un grupo de milicianos partió caminando desde la capital salvadoreña, San Salvador, el 14 de julio de 1969, cuando ya era inminente un conflicto entre ambos países. Salieron con el objetivo de tomar a la fuerza la ciudad de Tegucigalpa, capital de Honduras, y durante su recorrido marchaban de pueblo en pueblo, de cantón en cantón, e iban valiéndose de los suministros que les proporcionaban las poblaciones civiles que encontraban, pero sobre todo iban reclutando adeptos a la lucha armada contra los “catrachos” (hondureños).

Para convencer y connotar su causa nacionalista iban mostrando unas calcomanías que se hicieron populares en el vecino país, con la leyenda “hondureño toma un leño y mata un salvadoreño”; - Así nos tratan a los salvadoreños allá… -proclamaban en pregona mientras mostraban el rectángulo de papel adhesivo que se solía colocar en los parachoques de los autobuses de las principales ciudades hondureñas.

También mostraban de puerta en puerta recortes de periódicos con gráficas de las barbaries que se cometían contra mujeres salvadoreñas en territorio hondureño, enseñaban titulares donde decían que mataban mujeres en cinta e infantes indefensos. En verdad no se sabe si eran periódicos reales o simples impresiones utilizadas para hacer contra propaganda.

Lo que sí fue cierto es que “Los Solórzano” desde entonces se conocieron en la zona del norte de San Vicente como un clan o familia que siempre fueron pro-ejército, es decir, muy cercanos a la institución castrense. Pasó la guerra contra Honduras, pero sus hijos, sobrinos y nietos siempre hacían el servicio militar, además pertenecían a la “reserva” (del ejército), quienes se volvieron enemigos naturales de cualquier voz de disidencia en los años posteriores.

Luego al poco tiempo estas poblaciones afines a la institución armada “evolucionaron” y se convirtieron en lo que se conoció como “defensas civiles” u “ORDEN”,  que eran miembros de la población (campesina) que se armaron en pro de defender la patria contra los embates del comunismo, según la retórica de la guerra fría, eran esos paladines que combatían las ideas invasoras de Cuba y La Unión Soviética.

“La defensa civil” eran soldados irregulares, sin rango, descalzos y quijotescos que luchaban contra mitos modernos como: los “come niños”, "los terroristas facinerosos",  los terengos, los herejes impíos que no creen en la gracia de nuestro señor Jesucristo; incluso, hoy en día encontramos esas voces y como siempre insistimos: El principio de la problemática que vivimos es cultural, más que económica o política.

El Conflicto

De esta manera cuando en la zona rural las comunidades cristianas de la iglesia católica comenzaron en los años 70 a hacer sus esfuerzos por concientizar y redefinir la relación patrono-campesino. En este ejercicio un sector de la Iglesia Romana creían de forma decidida en la Teología de la Liberación, descubriendo a las personas de la llanura las injusticias humanas que venían acarreándose en forma cultural, a lo largo de los siglos, y fueron evidentes las razones de exclusión y explotación.

En general contextualizamos parte del inicio de la guerra en la campiña salvadoreña, y así poco a poco los conflictos sociales se recrudecieron. Los grupos llamados “defensa civil” actuaban al margen de la ley, privando de libertad y ejecutando a las personas que se identificaban con muchas comunidades de base cristianas, que además de estudiar la biblia, también reflexionaban sobre los artículos de la constitución y los derechos civiles universales.

A finales de la década de los 70, e inicios de los 80 se da esta conflictividad bajo la ignominia de los medio de comunicación tradicionales, la radio y los dos periódicos de mayor circulación fomentaban el vocabulario propio de la guerra fría. La persuasión de la opinión pública era primordial para justificar la escalada de violencia.

Primero "las defensas civiles" atacaban los ranchos de los miembros de estas comunidades, pero luego a los pocos años se revierte la situación y los sobrevivientes de estas ofensas atacan a su vez los caseríos y cantones donde se sabían que habitaban los miembros de estos grupos paramilitares.

“Los Solórzanos”

Así fue que llegó de noche una columna guerrillera de una de las facciones que luego formarían el FMLN a “ajusticiar cuentas” y masacrar el caserío de Los Solórzanos.

La abuela de la familia había sido la vivandera de muchos soldados a quienes les había tomado cariño, desde la guerra contra honduras hasta esos años; y fue ella misma la que tomó finalmente un fusil G-3 para disparar contra los insurgentes que se le venían encima inevitable, ya que sus hijos y nietos habían sido vencidos esa misma noche; y al verse atribulada no le quedó más que alzarse ella en armas, pero no fue suficiente su coraje, también fue derruida quedando desecha como las paredes de adobe después de tantos balazos.

Luego de la historia contada quedan como únicos sobrevivientes dos niños, Carlos y Benito (Solórzano) quienes para no ser ejecutados y que no quedaran con un destino "incierto", fueron llevados e incorporados a las filas insurgentes. Ambos de 11 y 4 años respectivamente, siendo trasladados a los primeros territorios “liberados” del FMLN en el departamento de Chalatenango donde pasan allí tres años más.

Benito y Carlitos

La guerra continuó y recrudeció, y mientras estaban en un campamento guerrillero fueron atacados repentinamente por un operativo del ejército, uno de esos famosos embates “aéreo  transportados”, donde llegaban cientos de efectivos que descendían rápidamente de helicópteros y arrasaban con los focos "enemigos", que para el caso eran Carlos de 14 años y Benito de 7, quienes corrieron frenéticamente del ataque del ejercito y aprovechando para huir de cautiverio, se refugiaron en un caserío aledaño.

Carlos quien era el mayor arrastró a duras penas a su hermanito, dejándolo depositado con una señora y luego huyó por separado; salvaron así su vida ambos pero nunca más se volvieron a ver hasta en la actualidad (año 2013 cuando se cierra la última epístola de la novela).

Durante esos tres años de cautiverio en el campamento guerrillero, Carlos disparaba contra garitones o posiciones del ejército; o bien, a los convoyes que llevaban suministros a los destacamentos militares, tiraba uno o dos balazos y luego no esperaba enfrentamiento alguno, solo huía y ya, era parte de la táctica de hostigamiento y guerra de baja intensidad que la guerrilla practicaba, el "golpe de mano".

Por otra parte Benito servía de correo para llevar mensajes de un campamento a otro, Carlos quien era el mayor cuidaba afanoso a su hermano menor.

Después de separarse Carlos huye y llega hasta la ciudad donde se refugia en una zona marginal a las afueras de San Salvador, aprendiendo a sobrevivir como un adolescente huérfano en un ambiente urbano pero a la vez agreste, en inicios de la década de los 80. Pasan tres años más y se deja reclutar por el ejercito regular para engrosar las filas del conflicto armado.

Una vez en la institución demostró sus dotes y experiencias guerreadoras, por eso sus superiores le fueron tomando aprecio y conoció así a un mercenario extranjero que decía venir de Malasia, quien lo entrenó con el poco español que sabía, enseñándole las artes de la guerra de baja intensidad. La frialdad de mantener siempre serena la mente bajo los más intensos ataques, aprendiendo de la peor forma a no temerle a la muerte, a saltar y caer de altas distancias, a camuflarse, a disparar certero, a ser pícaro y traicionero, a cumplir la misión bajo cualquier costo, a obtener información, a torturar y a tolerar el dolor intenso.

Los acuerdo de paz

Una vez firmado los armisticios a principios de la década de los 90, Carlos es desmovilizado y después de ser un soldado héroe de guerra pasa a ser un cuatrero en la zona de Aguilares, al norte de la capital salvadoreña. Donde a los pocos años es aprendido por la policía y encerrado en el penal La Esperanza, conocido como “Mariona”.

Allí se encuentra con un ex colega suyo, quien también había sido un soldado élite durante el conflicto: “El Gaveta”. Este último había migrado a la ciudad de Los Ángeles en Estados Unidos y luego deportado por traficar cocaína, no sin antes haber viajado como indocumentado en el tren de la muerte a lo largo del territorio mexicano.

El Gaveta es a finales de la década de los 90 uno de los primeros jefes de pandillas e invita a Carlos a unirse al proceso de formar sus propios grupos clandestinos; sin embargo, Carlos al verse privado de libertad reflexiona del por qué ha luchado toda su vida y a quién ha beneficiado, decide entonces con ayuda de un pastor cristiano evangélico amarrar sus demonios internos e iniciar su difícil conversión.

Finalmente una organización no gubernamental conoce su caso de separación de él y su hermano, e investigan el paradero de Benito quien es localizado en la fría ciudad canadiense de Winnipeg. Como había sido adoptado tenía otro nombre y no recordaba su pasado caótico con su hermano mayor, valiéndole para llevar una vida medianamente normal, a no ser, por las repetidas pesadillas de violencia y guerra que afloraban de su subconsciente durante la noche.

Carlos obtuvo su libertad a inicios del siglo XXI pero sin mayor educación su nivel de vida era precario; no obstante, se había rehabilitado llevando una vida del día a día, como mucha gente pobre en la actualidad. Gracias a un trato que hizo con El Gaveta, a duras penas sobrevivía y participaba por su cuenta en las marchas de los ex soldados, pidiendo una pensión por sus años de guerra.

La moraleja

El argumento de la novela Ojo de Venado gira alrededor de este personaje que es llamado “Malasia”, quien resulta ser antagónico y protagónico a la vez, bueno y malo. Complejo como nuestra realidad misma, pero si lo vemos bajo el lente del humanismo nos resulta comprensible la historia y nuestros procesos culturales.

En él vemos el reflejo de lo malo que nos ha sucedido como pueblo, ese destino ineludible a que nos enfrentamos, violento y cruel; pero a la vez su discernimiento nos lleva a la esperanza, alimentando en forma positiva el espíritu y vigorizando poco a poco la salud mental que tanto necesitamos.

Por eso es fácil identificarse con la narrativa, las heridas del alma que cada uno, o bien todos, llevamos a cuestas no son diferentes a las de Carlos Solórzano, y el amuleto del ojo de venado complementa esa idea de proteger siempre a las nuevas generaciones de los males latentes que nos persiguen, a través de la creencia y la fe, fortaleciendo así el legado cultural, ruta inequívoca hacia el desarrollo de los pueblos.



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